Archivo de la categoría: Europa

¿Se acuerda de este pianista? (II)

Puedes leer aquí la primera parte.

Fueron pasando las semanas, creciendo a su vez la expectación por Piano man. E incluso la industria de Hollywood pensaba realizar una película sobre su vida. Se continuó con la búsqueda de su identificación, aunque no se había conseguido nada, pensando muchos de los trabajadores del hospital que se quedaría con ellos para siempre.

Pero el 20 de agosto se tuvo constancia que el joven había dejado el hospital repentinamente. El primero de los medios de comunicación que trató sobre ello fue el sensacionalista tabloide británico The Mirror, aunque tardó dos días en publicarlo.

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¿Se acuerda de este pianista? (I)

Un día de mayo de 2005 estaba leyendo, como habitualmente hacía, el periódico que se distribuía en el centro dónde yo estudiaba, que era El País. Un reportaje, situado en la contraportada, me atrajo inmediatamente. Gran medida de ello fue su muy directo titular: ¿Conoce a este pianista?, del que parte de este he utilizado deliberadamente para este post. También tenía su fuerza la foto situada en el centro, que se correspondía con el músico: un joven rubio de mirada perdida y algo cabizbajo, sujetando un montón de partituras. Pocos días después, todo lo referido con el pianista de El País fue ampliamente difundido por las televisiones de España. Aunque, por lo menos en este país, apenas se supo finalmente lo que le pasó a él.

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Ese molesto compañero llamado libertad

Curioso. Al leer los comentarios vertidos por los lectores de Público en la noticia “Fachas en la intimidad”, me detengo en uno de ellos que me llama la atención por su sencillez, coherencia y rotundidad.

Y añadiría: Cada uno es libre de pensar como quiera, mientras no haga daño a nadie.

Lo más sorprendente, la deplorable puntuación que los lectores otorgan a tal convencimiento. Si no es la más baja de la historia, creo que poco le falta.

Independientemente de la idoneidad de mostrar una bandera franquista ante el público, tema que trata la noticia -no hace falta entrar a debatir este punto, por obvio-, me llama la atención que los lectores de un periódico, que según su línea editorial defiende los más altos valores, voten negativamente algo tan sensato.

Quizás, lo mejor sería imponer por ley cómo tenemos que pensar.


Hoy quiero ser talibán

Aún no ha aparecido el nuevo Medal of Honor, que saldrá a la venta el próximo 12 de octubre -momento a partir del cual muchos de vosotros podréis jugar sin salir de vuestra cueva hasta que os crezca la barba, a lo Bin Laden-,  y ya tiene más que asegurado su éxito, gracias a la publicidad que le está dando el Secretario de Estado de Defensa del Reino Unido, Liam Fox.

Fox ve inmoral que los británicos puedan elegir al ejército talibán en el videojuego, un ejército que ha matado a cerca de 300 soldados de la British Army, y que ha llevado la desolación a multitud de familias británicas, y pide a los comerciantes de las islas que no lo vendan. El caso es que en otras versiones del juego el usuario puede elegir a cualquier ejército que haya participado en un conflicto bélico importante en el siglo XX, entre ellos, el americano, británico, nazi, comunista o irakí, y nadie dijo nada previamente.

La pregunta es obligada. Si la trama del videojuego está rodeada por el oscurantismo, incluso si accedemos a su web vemos que la información sobre el mismo es muy escueta… ¿cómo conoce Liam Fox el contenido de un videojuego que, gracias a sus palabras, tiene el éxito asegurado?  Piensa mal y acertarás.

Un nuevo ejemplo de cómo un político elegido por el pueblo y que supuestamente trabaja para él, se lucra buscando el beneficio personal, aún a costa de despistar a sus conciudadanos con un sensacionalismo absurdo.

Si esto lo hacen por un videojuego, qué no harán los políticos en otros menesteres mucho más oscuros.


Esa sucia forma de actuar de los Estados Unidos

Estados Unidos vuelve a usar sus viejos trucos para quitar de en medio a quien pretende alterar el sistema. Nada nuevo bajo el sol. Ello a pesar de que “The Hope” está al cargo de un país que, más que cambiar,  se regenera a sí mismo. Eso mismo fue lo que provocó el cambio de nombres –Obama por Bush-, pero que sólo fue eso, un falso cambio que sólo le ha servido a Obama para ratificar todos y cada uno de los  pasos dados anteriormente por su antecesor.

De ser cierta la noticia aparecida hoy -si su objetivo es simplemente dañar la credibilidad de Julian Assange, ya lo han conseguido- serviría para confirmar que Obama sigue siendo una gran mentira, un producto del márketing, y que lo que hace no es nuevo, sino que sigue los pasos del viejo libro de estilo norteamericano, donde aparece registrado cómo se debe actuar en cada caso, para hacer desaparecer a aquellos elementos incómodos, ésos que pueden deshacer todo el tinglado tal y como está actualmente montado, y que ya sabemos a quién favorece.

Las argucias utilizadas por el país norteamericano desde que se constituyó como nación para defender sus propios intereses, muestran a las claras que el estado democrático más antiguo del mundo, sigue muy a rajatabla aquella máxima maquiavélica en la que el fin siempre justifica los medios. Y si hay que quitar de en medio a uno, todo sea por el bien de una nación.

No expongo una opinión personal. Esa postura ya fue defendida abiertamente ante las Naciones Unidas por Jeane Kirkpatrick, en su famosa doctrina. En ese momento hizo público el, hasta entonces oculto, libro de estilo norteamericano. El objetivo entonces era erradicar los estados socialistas. El fin último, dar continuidad al sistema.  Siguiendo dicha postura, daba igual hacer desaparecer a ciertas personas o mantener a todo un país sumido en una dictadura. Eran los 80, la época de Ronald Reagan, y con su famosa doctrina, Kirkpatrick justificó que en plena Guerra Fría, Estados Unidos crease y protegiera dictaduras totalitarias, aunque fuesen genocidas, para así mantener a raya a un determinado pueblo, que podía ver con buenos ojos determinadas ideas progresistas.

Según Kirkpatrick, los regímenes totalitarios procuran controlar los pensamientos de sus ciudadanos, utilizando la propaganda, el lavado cerebral, la reeducación, el espionaje a particulares y la represión política masiva basada en la ideología del Estado.

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Ceuta, Melilla y Gibraltar, indudablemente españolas

Ceuta y Melilla son, indudablemente, territorio español. No son colonias, como piensan quienes desconocen la historia. Al contrario de lo que desearían nuestros vecinos sureños, ambas ciudades jamás pueden volver a ser Marruecos, puesto que nunca formaron parte de él. Las ciudades autónomas pertenecen a España desde antes incluso de que Marruecos existiera como nación. Ambas ciudades, aunque con una historia común, poseen contextos muy distintos, que explicaremos grosso modo.

Ceuta fue territorio luso desde 1415, fecha en que Enrique el Navegante toma la ciudad para el Reino de Portugal. El imperio marinida, anterior administrador del territorio, reconoce, a través de un tratado, a la ciudad caballa como portuguesa. Portugal, en 1580, pasa a formar parte de España. Casi un siglo después, en 1640, con la independencia de Portugal, la ciudad decide ser fiel al rey español y no al Duque de Braganza, motivo por el cual recibe Carta de Naturaleza por parte de la corona, además del título de ciudad “Fidelísima”, que se une a los que ya poseía de Noble y Leal. Diferentes tratados posteriores -con Portugal en 1668, y con Francia y Marruecos en 1912, las tres principales potencias que anhelaban el territorio- reconocen la españolidad de la ciudad.

Melilla, por su parte, pertenece a España desde antes, exactamente desde 1497, cuando Pedro de Estupiñán conquista Melilla. El objetivo, crear una ciudad española en territorio africano, a partir de la cual partieran posteriores incursiones para expandir el cristianismo allende el estrecho de Gibraltar. Un año después se asienta sobre el territorio, que había permanecido abandonado durante siglos, una población de 700 personas, entre los cuales figuraban una impoartante guarnición, así como un total de treinta y cinco maestros carpinteros, herreros, pedreros, albañiles y canteros. Para hacernos una idea, Melilla es España 18 años antes de que Navarra se incorporara a la Corona de Castilla, y 162 años antes de que el Rosellón fuera francés.

Hemos de recordar que es en 1666 cuando Mulay Muhammad al-Rashid bin Sharif, miembro de la dinastía alauita, se autoproclama sultán de una nación que, con la conquista de la ciudad de Marrakech dos años después, pasa a denominarse sultanato de Marruecos en 1668. 253 años después de que Portugal tomara Ceuta y 171 años más tarde de que Melilla se considerara ciudad española de pleno derecho. Marruecos, por tanto, no puede ni debe continuar reclamando un territorio que jamás le ha pertenecido.

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La Europa común: Mismo artículo, distinto precio.

Que la globalización ha llegado es indudable. Diferentes cadenas de distribución están apostadas por todo el mundo, producen localmente y venden globalmente. En lugares como el espacio común europeo, esto ha sido posible y mucho más fácil gracias al Euro. 8 años después de la implantación de la moneda común, quedan muchos flecos sueltos por los que esta moneda sigue sin beneficiarnos a los países miembros, y por ende a los ciudadanos.

En España el redondeo ha triunfado, y con el las subidas de los precios continuadas durante 8 años, no reflejadas convenientemente en el IPC. De hecho es dificil todavía pensar que un producto tan básico como el pan, que costaba entre 25 y 50 pesetas, hoy por hoy cueste entre 0,50 € y un 1 €. Habrá lugares más baratos y más caros, y los había también antes de 2002. Muchos dirán que hay distintos tipos de pan, y que la calidad ha mejorado, y de ahí la subida del precio más que con redondeo, con cara dura, y cuadrada, no precisamente redonda.

Pero cuando hablamos de productos exactamente iguales, vendidos en las mismas cadenas de distribución y dentro de países de la Unión Europea, no comprendo el por qué el precio debe ser diferente. Es una injusta forma de tratar a ciudadanos de primera y de segunda. Me comenta mi compañera de piso que un amigo ha ido a IKEA a comprar una cama, y que ha encontrado una diferencia bastante considerable entre el mismo producto en Italia, lugar de procedencia del susodicho, y España, lugar actual de residencia de este ciudadano. No creyendo lo que me dice, decido darme un paseo por las webs de Ikea en España e Italia, y me encuentro con esto:

Cama Aneboda en España por 99 €

Cama Aneboda en Italia por 59 €

Cama Aneboda en Italia por 59 €

Todas las imágenes están enlazadas a la página original, que podrá sufrir variaciones y quedar el enlace roto, por cierto.

Creyendo que esto podría ser fruto de la casualidad o de alguna promoción, me dispongo a ver el precio de más camas tanto en España como en Italia y encuentro otra sorpresa. He aquí otras dos camas de matrimonio:

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