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Ceuta, Melilla y Gibraltar, indudablemente españolas

Ceuta y Melilla son, indudablemente, territorio español. No son colonias, como piensan quienes desconocen la historia. Al contrario de lo que desearían nuestros vecinos sureños, ambas ciudades jamás pueden volver a ser Marruecos, puesto que nunca formaron parte de él. Las ciudades autónomas pertenecen a España desde antes incluso de que Marruecos existiera como nación. Ambas ciudades, aunque con una historia común, poseen contextos muy distintos, que explicaremos grosso modo.

Ceuta fue territorio luso desde 1415, fecha en que Enrique el Navegante toma la ciudad para el Reino de Portugal. El imperio marinida, anterior administrador del territorio, reconoce, a través de un tratado, a la ciudad caballa como portuguesa. Portugal, en 1580, pasa a formar parte de España. Casi un siglo después, en 1640, con la independencia de Portugal, la ciudad decide ser fiel al rey español y no al Duque de Braganza, motivo por el cual recibe Carta de Naturaleza por parte de la corona, además del título de ciudad “Fidelísima”, que se une a los que ya poseía de Noble y Leal. Diferentes tratados posteriores -con Portugal en 1668, y con Francia y Marruecos en 1912, las tres principales potencias que anhelaban el territorio- reconocen la españolidad de la ciudad.

Melilla, por su parte, pertenece a España desde antes, exactamente desde 1497, cuando Pedro de Estupiñán conquista Melilla. El objetivo, crear una ciudad española en territorio africano, a partir de la cual partieran posteriores incursiones para expandir el cristianismo allende el estrecho de Gibraltar. Un año después se asienta sobre el territorio, que había permanecido abandonado durante siglos, una población de 700 personas, entre los cuales figuraban una impoartante guarnición, así como un total de treinta y cinco maestros carpinteros, herreros, pedreros, albañiles y canteros. Para hacernos una idea, Melilla es España 18 años antes de que Navarra se incorporara a la Corona de Castilla, y 162 años antes de que el Rosellón fuera francés.

Hemos de recordar que es en 1666 cuando Mulay Muhammad al-Rashid bin Sharif, miembro de la dinastía alauita, se autoproclama sultán de una nación que, con la conquista de la ciudad de Marrakech dos años después, pasa a denominarse sultanato de Marruecos en 1668. 253 años después de que Portugal tomara Ceuta y 171 años más tarde de que Melilla se considerara ciudad española de pleno derecho. Marruecos, por tanto, no puede ni debe continuar reclamando un territorio que jamás le ha pertenecido.

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Desafío XXI: la Organización de Cooperación de Shanghai

La consolidación del modelo de las grandes organizaciones internacionales regionales ha sido una constante durante el primer decenio del siglo XXI. No es difícil encontrar patrones similares a los de la Unión Europea en otras organizaciones reginales formadas por estados. Así el paso en 2001 del grupo de los Cinco de Shanghai a la Organización de Cooperación de Shanghai (OSC) o la transformación de la Organización para la Unidad Africana (UOA) en la Unión Africana (UA) en 2002 son algunos de los casos más característicos de este proceso. Si bien no todas las organizaciones han tenido la fortuna del modelo europeo -la sangrante ausencia de Marruecos en la UA sería el ejemplo más clarividente- es posible encontrar organismos con una influencia territorial y política cada vez más evidente.

La Organización de Cooperación de Shanghai (OSC) es una de esas organizaciones que llenan cada vez más páginas de periódicos. La OSC nace el 14 de Junio de 2001 a partir del grupo de los Cinco de Shanghai -Rusia, China, Kazakhstán, Tadjikistán y Kirguizistán- más Uzbekiztán. Lo que antes había sido una pequeña agrupación de estados que se limitaban a colaborar en materia militar pasa en 2001 a conformar una organización que colabora en distintos ámbitos que van desde la seguridad a lo económico.

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La otra cumbre: Nairobi

Esta mañana se ha iniciado en un hotel de Nairobi una cumbre de países africanos con la intención de mediar en el conflicto que afecta a la República Democrática de Congo y Ruanda. La reunión de urgencia, promovida por los ministros de exteriores británico y francés, cuenta con la participación del presidente de Ruanda, Paul Kagame, y el del Congo, Joseph Kabila, el Secretario General de la ONU, Ban Ki-Moon, además de la Unión Africana y los jefes de estado de Kenia, Tanzania, Burundi, Uganda y Sudáfrica.

A pesar de que el general rebelde Nkunda haya declarado ya que la reunión es una iniciativa inútil, los participantes esperan dar una solución a la crisis provocada por los combates entre las tropas rebeldes tutsis y las fuerzas progubernamentales en la región de Kivu Norte han provocado un número aún desconocido de muertos y más de 200.000 desplazados.

Mientras los enfrentamientos traen de vuelta los fantasmas del terrible genocidio ruandés a principios de los 90, el presidente congoleño ha acusado al jefe de estado ruandés Paul Kagame -también de etnia tutsi como el general Nkunda- de financiar a las tropas rebeldes, lo que podría incendiar las ya deterioradas relaciones entre los dos países. Ejecuciones sumarias, pueblos y campos de refugiados saqueados por los soldados de los dos bandos son algunos de los hechos que denuncia el contigente de cascos azules enviado por la ONU que, junto a otras organizaciones de cooperación, han dado la voz de alarma a la comunidad internacional.

Fuente: AFP.com


La crisis y el nuevo orden mundial

EFE / Ron Sachs

El pasado 18 de Octubre se reunieron en Camp David George W. Bush, presidente de los EE.UU; Jose Manuel Durao Barroso, presidente de la Comisión Europea; y el presidente de Francia, Nicolás Sarkozy, con la intención de dar una respuesta conjunta a la grave crisis económica actual. Si bien, la decisión de promover una serie de encuentros entre mandatarios mundiales refuerza la impresión de que en momentos de crisis las relaciones internacionales en materia económica son aún más imprescindibles si cabe, las posturas encontradas en torno a los posibles participantes y la misión de las referidas reuniones no hacen sino aumentar las distancias ya existentes entre las políticas internacionales europea y estadounidense.

Mientras que los tres mandatarios han apostado por la participación del G-8 (Francia, Gran Bretaña Italia, Canadá, Estados Unidos, Rusia, Japón y Alemania) y el G-5 (China, India, Brasil, México y Sudáfrica), además de un país árabe; las posturas europeas y norteamericanas divergen dada la voluntad europea de remendar un sistema que parece no dar más de sí. Nicolás Sarkozy ha abogado por la necesidad de construir “el capitalismo de mañana, hacer de las futuras conferencias un nuevo Bretton Woods que facilite la creación de un nuevo orden basado en un capitalismo integrador, con un mayor peso de las potencias emergentes. Si bien esta decisión ha sido unánimente apoyada tanto por la Unión Europea, el G-5 e incluso, aunque en materia económica, por el Secretario General de las Naciones Unidas, Ban Ki Moon; los EE.UU han rechazado reformar el sistema en su totalidad y, en palabras de George Bush, lo esencial era desarrollar una serie de cambios necesarios concernientes a los órganos reguladores y las instituciones para evitar una repetición de esta crisis” pero preservando “los fundamentos del capitalismo democrático.

El rechazo de los EE.UU a perder su posición dominante en el sistema actual hace casi imposible encontrar soluciones a las crisis políticas y económicas mundiales. Desde el comienzo del nuevo milenio, las tensiones entre China y Rusia y EE.UU dentro de los organos internacionales en temas como la incorporación de países a la OTAN, las cuestiones relacionadas con la proliferación de armas atómicas en Corea del Norte, Irán, India y Pakistán, así como los sucesos de Darfur, Kosovo o Georgia, no han hecho sino mostrar a las claras la necesidad imperante de cambiar el sistema actual de acuerdo con el nuevo orden del poder mundial.

Todos son golpes contra la supremacía americana que se ve entre el muro y el foso en los frentes del Este, al estancamiento del órgano GUAM (Georgia, Ucrania, Azerbayán y Moldavia) desde 2004, que antaño servía de contrapeso a la influencia rusa en la Europa del Este y el Cáucaso, hay que sumar el impulso económico de China e India y sus aspiraciones junto a Rusia a través de la Organización de Cooperación de Shanghai (OCS), órgano que desde 2003 ha fomentado acuerdos económicos y energéticos de primer orden entre los países integrantes de la OCS. También en el propio continente americano EE.UU se enfrenta a grandes desafíos. Hija de graves desequilibrios sociales y, al amparo del petróleo, la efervescencia socialista en Sudámerica ha dado agudos dolores de cabeza al gobierno de George W. Bush con sus ciclos de nacionalizaciones de empresas como rechazo a las inversiones extranjeras y sus continuas denuncias contra una posible intervención encubierta de EE.UU, que de nuevo trae viejos fantasmas de la década de los 70. Continuar leyendo


Las relaciones de Chávez con España

Cuando la política exterior de un país está marcada no por los intereses del país sino por los intereses del líder del país, ese es un síntoma de que las cosas no están bien ahí. Chávez ha decidido someter a una “profunda revisión” sus relaciones con España ¿por el interés de su país? No, tan sólo porque el rey le ha dicho que se calle. La situación es parecida a la del niño que se pelea y se va a su casa con la pelota. La política exterior de Chávez no la marca el interés del pueblo y el progreso, sino sus antipatías y simpatías. Las relaciones de Chávez con España no las han cambiado una revisión de los tratados comerciales entre ambos países, ni la amenaza de guerra, las relaciones las han cambiado unas palabras que han molestado a Chávez. Y ya está no hay más, Chávez se ha enfadado y se quiere ir a casa con su pelota. Zapatero y Moratinos le están intentando convencer de que siga jugando, que ellos quieren jugar, pero Chávez no quiere.