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Hoy quiero ser talibán

Aún no ha aparecido el nuevo Medal of Honor, que saldrá a la venta el próximo 12 de octubre -momento a partir del cual muchos de vosotros podréis jugar sin salir de vuestra cueva hasta que os crezca la barba, a lo Bin Laden-,  y ya tiene más que asegurado su éxito, gracias a la publicidad que le está dando el Secretario de Estado de Defensa del Reino Unido, Liam Fox.

Fox ve inmoral que los británicos puedan elegir al ejército talibán en el videojuego, un ejército que ha matado a cerca de 300 soldados de la British Army, y que ha llevado la desolación a multitud de familias británicas, y pide a los comerciantes de las islas que no lo vendan. El caso es que en otras versiones del juego el usuario puede elegir a cualquier ejército que haya participado en un conflicto bélico importante en el siglo XX, entre ellos, el americano, británico, nazi, comunista o irakí, y nadie dijo nada previamente.

La pregunta es obligada. Si la trama del videojuego está rodeada por el oscurantismo, incluso si accedemos a su web vemos que la información sobre el mismo es muy escueta… ¿cómo conoce Liam Fox el contenido de un videojuego que, gracias a sus palabras, tiene el éxito asegurado?  Piensa mal y acertarás.

Un nuevo ejemplo de cómo un político elegido por el pueblo y que supuestamente trabaja para él, se lucra buscando el beneficio personal, aún a costa de despistar a sus conciudadanos con un sensacionalismo absurdo.

Si esto lo hacen por un videojuego, qué no harán los políticos en otros menesteres mucho más oscuros.


Esa sucia forma de actuar de los Estados Unidos

Estados Unidos vuelve a usar sus viejos trucos para quitar de en medio a quien pretende alterar el sistema. Nada nuevo bajo el sol. Ello a pesar de que “The Hope” está al cargo de un país que, más que cambiar,  se regenera a sí mismo. Eso mismo fue lo que provocó el cambio de nombres –Obama por Bush-, pero que sólo fue eso, un falso cambio que sólo le ha servido a Obama para ratificar todos y cada uno de los  pasos dados anteriormente por su antecesor.

De ser cierta la noticia aparecida hoy -si su objetivo es simplemente dañar la credibilidad de Julian Assange, ya lo han conseguido- serviría para confirmar que Obama sigue siendo una gran mentira, un producto del márketing, y que lo que hace no es nuevo, sino que sigue los pasos del viejo libro de estilo norteamericano, donde aparece registrado cómo se debe actuar en cada caso, para hacer desaparecer a aquellos elementos incómodos, ésos que pueden deshacer todo el tinglado tal y como está actualmente montado, y que ya sabemos a quién favorece.

Las argucias utilizadas por el país norteamericano desde que se constituyó como nación para defender sus propios intereses, muestran a las claras que el estado democrático más antiguo del mundo, sigue muy a rajatabla aquella máxima maquiavélica en la que el fin siempre justifica los medios. Y si hay que quitar de en medio a uno, todo sea por el bien de una nación.

No expongo una opinión personal. Esa postura ya fue defendida abiertamente ante las Naciones Unidas por Jeane Kirkpatrick, en su famosa doctrina. En ese momento hizo público el, hasta entonces oculto, libro de estilo norteamericano. El objetivo entonces era erradicar los estados socialistas. El fin último, dar continuidad al sistema.  Siguiendo dicha postura, daba igual hacer desaparecer a ciertas personas o mantener a todo un país sumido en una dictadura. Eran los 80, la época de Ronald Reagan, y con su famosa doctrina, Kirkpatrick justificó que en plena Guerra Fría, Estados Unidos crease y protegiera dictaduras totalitarias, aunque fuesen genocidas, para así mantener a raya a un determinado pueblo, que podía ver con buenos ojos determinadas ideas progresistas.

Según Kirkpatrick, los regímenes totalitarios procuran controlar los pensamientos de sus ciudadanos, utilizando la propaganda, el lavado cerebral, la reeducación, el espionaje a particulares y la represión política masiva basada en la ideología del Estado.

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Ceuta, Melilla y Gibraltar, indudablemente españolas

Ceuta y Melilla son, indudablemente, territorio español. No son colonias, como piensan quienes desconocen la historia. Al contrario de lo que desearían nuestros vecinos sureños, ambas ciudades jamás pueden volver a ser Marruecos, puesto que nunca formaron parte de él. Las ciudades autónomas pertenecen a España desde antes incluso de que Marruecos existiera como nación. Ambas ciudades, aunque con una historia común, poseen contextos muy distintos, que explicaremos grosso modo.

Ceuta fue territorio luso desde 1415, fecha en que Enrique el Navegante toma la ciudad para el Reino de Portugal. El imperio marinida, anterior administrador del territorio, reconoce, a través de un tratado, a la ciudad caballa como portuguesa. Portugal, en 1580, pasa a formar parte de España. Casi un siglo después, en 1640, con la independencia de Portugal, la ciudad decide ser fiel al rey español y no al Duque de Braganza, motivo por el cual recibe Carta de Naturaleza por parte de la corona, además del título de ciudad “Fidelísima”, que se une a los que ya poseía de Noble y Leal. Diferentes tratados posteriores -con Portugal en 1668, y con Francia y Marruecos en 1912, las tres principales potencias que anhelaban el territorio- reconocen la españolidad de la ciudad.

Melilla, por su parte, pertenece a España desde antes, exactamente desde 1497, cuando Pedro de Estupiñán conquista Melilla. El objetivo, crear una ciudad española en territorio africano, a partir de la cual partieran posteriores incursiones para expandir el cristianismo allende el estrecho de Gibraltar. Un año después se asienta sobre el territorio, que había permanecido abandonado durante siglos, una población de 700 personas, entre los cuales figuraban una impoartante guarnición, así como un total de treinta y cinco maestros carpinteros, herreros, pedreros, albañiles y canteros. Para hacernos una idea, Melilla es España 18 años antes de que Navarra se incorporara a la Corona de Castilla, y 162 años antes de que el Rosellón fuera francés.

Hemos de recordar que es en 1666 cuando Mulay Muhammad al-Rashid bin Sharif, miembro de la dinastía alauita, se autoproclama sultán de una nación que, con la conquista de la ciudad de Marrakech dos años después, pasa a denominarse sultanato de Marruecos en 1668. 253 años después de que Portugal tomara Ceuta y 171 años más tarde de que Melilla se considerara ciudad española de pleno derecho. Marruecos, por tanto, no puede ni debe continuar reclamando un territorio que jamás le ha pertenecido.

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V di Vendetta

Supongo que una gran cantidad de quienes lean esto, si no todos, habrán leído el cómic V de Vendetta o habrán visto la película homónima. De modo que conocerán la historia del héroe Guy Fawkes, que en 1605 quiso volar el edificio del Parlamento británico en aras de la consecución de un ideal: el de la libertad de los católicos en el Reino Unido.

Fawkes fue capturado y ajusticiado. Y con él, todos los conspiradores que le acompañaban en esta empresa. Pero, como dice la voz de Natalie Portman en el prólogo de la película, “a un hombre pueden matarlo, pero 400 años más tarde los ideales pueden seguir cambiando el mundo”.

Probablemente eso será lo que le pasará a Massimo Tartaglia, el italiano que golpeó en la cara a Silvio Berlusconi el pasado domingo. Un Fawkes moderno, a la italiana. Lo arrestaron, y seguramente acabará en la cárcel. Pero ese acto suyo, recogido por todas las televisiones y periódicos del mundo, quedará para la posteridad como la encarnación de un ideal.

Tras años de inestabilidad, corrupción, tensión social, populismo y todo tipo de abusos, la política italiana ha alcanzado ese punto en el que el gobernante absorbe para sí el poder absoluto del Estado y lo personaliza, como sucede con Berlusconi, al igual que en V de Vendetta el poder se concentra en la figura del High Chancelor Satler. En ese punto, el símbolo del poder se convierte en un icono: una persona rodeada de un aura de intocable.

Pero resulta que a veces surge de las sombras un Fawkes o un Tartaglia, un iconoclastia que quebranta ese aura que, en apariencia, vuelve intocables a las figuras que personfican el poder simbólico. Eso es lo que hace V en la película: hace ver al pueblo de Inglaterra cuál es su verdadero poder, y entre todos tumban al Gobierno. Y eso le pasó el domingo a Berlusconi. Tartaglia fue capaz de tumbarle con un golpe, y todos sus compatriotas vieron cómo el lider supremo dejó de ser intocable. Y esa imagen será la que quede en su memoria, como el símbolo de la iconoclastia del poder personal.

La imagen de ese Berlusconi sangrante y con la mirada desnortada recuerda a la del Líder Satler en las escaleras del metro de Londres, maniatado y de rodillas ante V, que encarna a todos los ingleses. Entonces, Satler se da cuenta de lo que ha hecho, y por arrepentimiento o cobardía acaba llorando y pidiendo clemencia. Así vemos a Berlusconi, preguntando a sus allegados: “¿Por qué me odian tanto?”. De un modo u otro, tiene miedo, porque sabe que el golpe de Tartaglia es el peor de los que podrían haberle dado.

En la película, finalmente, Creedy -el jefe del partido de Satler, el Norsefire-, mira al High Chancelor y le dice: “Me das asco”. Y lo mata con un tiro en la frente. Probablemente, con el golpe que Tartaglia le dio en la cara, toda Italia le esté diciendo lo mismo a Berlusconi.


Una visión diferente sobre los piratas somalíes

El otro día en clase de Ética y Deontología Periodística, Eva, compañera de clase, leyó en voz alta una información extraída de la página web Rebelion.org, que a su vez provenía de los blogs del diario Público, sobre la realidad actual que vive actualmente Somalia.

El artículo, titulado Los verdaderos Piratas de Somalia, fue escrito el 26 de octubre por Joaquim Sempere, profesor de Teoría Sociológica y Sociología Medioambiental de la Universidad de Barcelona, y responde a algunos de los interrogantes no satisfechos por los medios de comunicación de masas y que aún hoy día presenta la población: ¿quienes son los piratas que secuestraron el Alakrana?, ¿por qué el Alakrana se tiene que ir a Somalia para pescar?, o ¿qué hacen en las costas somalíes barcos procedentes de las principales potencias mundiales?, son algunas de esas dudas que el siguiente texto nos ayudará a aclarar.

A mí personalmente me impactaron las argumentaciones de Sempere, y por ello quiero compartirlo con los lectores del Sinfu:

En 1991 se hundió el orden político de Somalia, país que sucumbió a una guerra civil empeorada por la intervención estadounidense. El colapso político dejó la sociedad somalí sin defensas, situación que fue aprovechada por navíos procedentes de Europa, Estados Unidos, China y otros países para verter en sus aguas grandes cantidades de residuos tóxicos y radioactivos. El abuso se hizo visible cuando, en 2005, un tsunami depositó en las playas y costas somalíes bidones corroídos y otras muestras de estos residuos. Según el enviado de las Naciones Unidas en Somalia Ahmadou Ould-Abdallah, la porquería tóxica acumulada en pocos días por la catástrofe marina provocó úlceras, cánceres, náuseas y malformaciones genéticas en recién nacidos y, al menos, 300 muertes.”

Pero las desgracias no terminan ahí. Aprovechando el desgobierno, una multitud de barcos de pesca empezó a faenar en las aguas frente al país, incluidas sus aguas territoriales. En 2005 se calculó que pescaron allí unos 800 barcos de distintos países, muchos de ellos europeos y, más específicamente, españoles. Se estima que los ingresos generados durante un año por esta pesca extranjera ilegal ascendía a 450 millones de dólares. El resultado fue la rápida disminución de unas reservas pesqueras que eran el principal recurso para las comunidades de pescadores del país, catalogado como uno de los más pobres del mundo.

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Odio los lunes y la excepción cultural

Tratar de analizar el comercio internacional de productos audiovisuales en el mercado globalizado actual del Siglo XXI no es tarea sencilla. No podemos hablar de productos culturales como si habláramos de lavadoras o reproductores de mp3, por dos motivos muy sencillos. El primero de ellos es que los productos culturales son la herramienta definitiva de un pueblo para establecer y perpetuar sus patrones culturales y sociales; es decir, son el mayor instrumento de generación y mantenimiento de identidad cultural definida, lo cual en principio podría ser un conflicto con un mercado globalizado donde no existen fronteras; en cierto sentido, la labor de estos productos podría ser la de delimitar fronteras y no la de anularlas. Por otra parte, no podemos olvidar que el consumo de productos culturales viene marcado por el carácter de éstos de bien de experiencia: es imposible saber si nos gusta o no hasta después de haberlo consumido. Esto actúa como barrera de entrada para productos generados por un patrón cultural distinto al nuestro propio: si no entiendo la forma de ver el mundo de un nigeriano, no entenderé la cultura que generen. Al no entenderla no me gusta y no la consumo. Como no se consume, no aumentamos la producción, porque no va a ver películas nigerianas nadie de fuera de Nigeria. Esto es un mal ejemplo porque, para los que no lo sepan, Nigeria es el primer productor mundial de cine en cuanto a volumen. Pero el ejemplo se entiende.

Así pues, en Europa se estableció hace ya tres o cuatro días la aplicación de la excepción cultural, esto es, que las reglas de libre mercado que se aplican en la Unión Europea para el resto de productos no sean aplicables a los productos culturales. La implantación de esta exención trajo cola en su día y aún la sigue trayendo hoy. La razón que se dio inicialmente para la aplicación de la excepción es que era el único modo de preservar las identidades nacionales dentro de la UE, el único modo de defenderse del gigante americano que llena nuestras salas de cine, nuestras televisiones y nuestras librerías. Lo que es cierto, en todo caso, es que en Polonia más del 90% del cine consumido es estadounidense, y no ha sido un país precisamente muy influenciado por EEUU hasta la caída del telón de acero, y que la excepción cultural a efectos prácticos lo que hace es proteger el mercado nacional de producción de cultura a través de ayudas y subvenciones a las empresas. Continuar leyendo


Praga, la Ciudad Dorada

Estas fotos son las que hice en el mes de marzo cuando fui de viaje a la capital checa. He escrito algunas anotaciones debajo de ellas. Las fotografías las he mejorado un poco, aunque siguen estando desenfocadas y algunas de ellas las he cortado un poco, así que pido disculpas de antemano.

Torre Pólvora_Praga

La Torre de la Pólvora

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