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Como debería ser

Una de las primeras clases que tuvimos en la facultad, de Empresa Informativa, nos cambiaron de profesor porque el nuestro había caído enfermo. Nos trajeron a la que impartía clase por la mañana, una señora más bien rechoncha, rubia y de sonrisa fácil, que decidió empezar la clase con una introducción acerca del importante/importantísimo papel de la economía para las empresas informativas y demás obviedades.

A partir de ahí, empezó con el temario y empezó fuerte: “Las empresas no sólo tienen objetivos económicos”. Y por si alguien se había perdido, aclaró: “No sólo pretenden ganar dinero”. La profesora intentó convencernos de que además las empresas cumplen un importante/importantísimo papel para la sociedad en que vivimos, que la impulsan hacia delante, crean riqueza y proporcionan empleo.

Me cansé y levanté la mano. “Pero esos objetivos sociales se pierden ante los objetivos económicos. De hecho, están hechos para ganar más dinero”. Y tras la cara que me puso, añadí: “De hecho, más que crear empleo, las empresas lo están destruyendo”.

Tras unos segundos volvió la sonrisa fácil y la voz dulce: “Claro, porque lamentablemente es así como son las cosas. Pero yo os las estoy explicando como deberían ser”. Así nos seguimos explicando la economía.


Cómo destruir una película

Antes que nada, “Déjame entrar” es una película de amor. También es una película de vampiros, pero esto es lo menos importante. Desgraciadamente ha coindido con el bombo-éxito de la saga Crepúsculo y sus derivados (atentos a la serie “No soy como tú” de Antena 3, que se los ve venir) pero no tiene nada que ver. “Déjame entrar” es una de las joyas recientes del cine sueco, y que parte de una novela no menos interesante: ambas son una historia de amor imposible, y sin embargo repleta de concesiones más o menos trágicas.

Explico rápidamente el argumento: Óskar es un niño tímido y que tiene problemas para ser aceptado en clase. Los otros niños lo acosan y golpean, y Óskar sólo puede aceptar y encontrar refugio en una violencia contenida que refleja perfectamente su colección de recortes de prensa acerca de muertes y asesinatos. Una chica muy extraña, Eli, se muda al piso de enfrente. Eli es muy pálida, tiene un aspecto bastante débil y lo primero que le dice a Óskar es que no pueden ser amigos. A partir de ahí empieza todo.

La película fue un éxito y acabó siendo nominada al Goya a mejor película extranjera en nuestro país, que perdió ante Slumdog Millonaire. Se ha llevado una buena cantidad de premios y las alabanzas de la crítica internacional. Además, en Estados Unidos ya están trabajando en un remake (temblemos) con un guión distinto también basado, dicen, en la novela.

El problema está en cómo se ha vendido la película. Desde el principio se la enmarcó en el género de Terror, con suerte en los géneros Terror y Romántica, y toda la publicidad que se le dio partió de este punto. Así se explican el trailer y la sinopsis, pero no los numerosos comentarios de la prensa y la crítica. La historia de Óskar y Eli se ha intentado vender como una película llena de tensión y sangre, sin descartar la ternura, pero como película de miedo. Los premios que se ha llevado no los ha ganado como película de vampiros, ni siquiera como película de amor entre vampiros y mortal, sino por la poesía que emana del guión. Continuar leyendo


A raíz del mensaje de Navidad del Rey

No es que tenga la costumbre de ver el mensaje de Navidad del Rey (de hecho, la última vez que lo hice fue por ver, con mi hermano, si mencionaba que habíamos ganado la eurocopa), pero este año tuve la suerte de cogerlo desde el principio, y ya me quedé a verlo. Y hay dos detalles que me gustaría comentar.

En primer lugar, es obvio que no se hace en directo. Todos sabemos que no se hace en directo (aunque yo al menos lo agradecería), pero siempre he pensado que interesaba que lo pareciera. Es decir, que no convenía dejar claro que no es así y quedar en evidencia. Y este año han quedado en evidencia, en uno de estos cambios de cámara, que cogía al Rey mirando hacia la izquierda y donde dejaba atrás una ventana. Una ventana que daba a un patio. Y en el que había mucha más luz que en mi casa y, supongo cualquier patio de cualquier casa de Madrid. Me pareció divertido que se les escpara eso, aunque sea una tontería y sólo se trate de quedar bien. Ya puestos, el año que viene podrían coger al Rey desayunando.

En segundo lugar, claro, el mensaje en sí. Alusión a los catalanes y pidiendo que, por favor, dejemos trabajar al Tribunal Constitucional. Todo eso me gustó, incluso que mencionara los distintos pueblos del país. Sin embargo, hubo un momento que me disgustó mucho, cuando el Rey volvió a nombrar el terrorismo (qué pesado) y dijo que teníamos que combatir el terrorismo con la justicia.

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Dónde acaban

Era primero de carrera, Periodismo, en la Facultad de Comunicación de Sevilla. Mientras mis compañeros se quejaban de la carrera  y el mal estado de cámaras, trípodes, cascos y demás (y tenían razón) yo me decepcionaba profundamente. Ésa era mi generación: los que se quejaban de que se les exigiera estar al tanto de cuanto ocurre, los que protestaban  porque se penalizaba la ortografía, los que no querían debatir en clase, los que no iban más allá de “los gobiernos del primer mundo deberían acabar con la pobreza”, los que sólo tomaban apuntes, los que babeaban con Marca y, peor aún, las chicas-objeto, las preciosas muchachas que se enterraban bajo kilos y kilos de maquillaje y que optaban por no leer  nada porque aún así acabarían consiguiendo trabajo. Me llegó a comentar una profesora de una de mis compañeras que acabaría en la televisión por rubia y no por otra cosa. Una lástima que las luchas de las mujeres a lo largo de la Historia hayan servido para esto.

Tocaba elegir delegado, y aquí no iban a ser menos. Se presentaron dos candidaturas colegiadas. Una, fundamentada en lo guapos que eran y que acabarían con las clases de los viernes. Otra, que además se ofrecía para organizar todo tipo de fiestas universitarias, y que el próximo viernes ya había preparado una en Chicote, y esto provocó una aclamación a gran escala.

El caso es que ganó esta última candidatura y ahí estaba Rafa, el chicoguapo de clase que no abría la boca porque para qué iba a hacerlo. Un clásico: sin inquietudes y sin lecturas. Acabó el primer año, y no lo volví a ver hasta el famoso vídeo de Intereconomía.

Por supuesto, no me esperaba otra cosa, y a la vez lo lamento profundamente.

Éste es el Periodismo que nos espera.

Menos mal, pienso, que lo han puesto en su sitio.


Una nota al margen sobre el Caso Gurtell

No es que tenga ánimos de echar más leña al fuego ni cebarme sobre nadie. El tema parece que ha ido perdiendo importancia, y han salido a la luz los medios que están interesados porque esto siga sonando. No obstante, hay un detalle que me ha hecho reflexionar bastante, porque no me parece del todo lógico, y es la reacción de Camps.

Entiendo que el PSOE recibió el asunto con los brazos abiertos, agradecido por poder desacreditar a la oposición con un caso de corrupción justo en el peor momento del Gobierno, y entiendo que esto no le haga gracia al PP. Los socialistas de la crisis no han hecho leña del árbol caído, sino un barrio residencial, y eso está feo, pero es lógico. Lo que no me parece lógico es la reacción de Camps. Esa forma de denunciar a los que están interesados en destapar el asunto (como si  el hechono fuera grave de por sí y hubiera que salvar la vida de los pobrecitos de traje y reloj) y llamarlo acoso, cuando él debería ser el primero en sanear a los suyos. Porque es la única respuesta correcta ante la corrupción: investigar, perseguir y luego apartar.

¿De qué va este hombre? Por una parte, quejándose de que se investigue a la gente de su partido. Tal vez no deberíamos hacerlo, claro. Deberíamos dejar que los pobres (qué risa) se salieran con la suya. Pero sería más fácil si el PP no le facilitara las herramientas al Gobierno. Eso me hace pensar que no hay que irse muy lejos para encontrar al primero de los corruptos (y si es que es el primero y no hay alguien por encima y que además lo está presionando, lo que explicaría la mala cara que tiene el hombre últimamente).

Por otra parte, me siento verdaderamente mal, humillado, como si me tomaran por tonto, con su actitud. Que no se investigue a los sospechosos de enriquecerse a costa de los ciudadanos me parece inviable. Pero encima esa pose, ese victimismo, me enfada bastante. Como si encima, una vez descubiertos los culpables, hubiera que pedirles perdón.


Tussam limita el bonobús de 30 días a los empadronados en Sevilla

A la intachable dirección que lleva tomando desde hace ya bastante tiempo la empresa responsable del transporte público sevillano, Tussam, se añade una nueva perla: la limitación del bonobús de 30 días (de coste 30 euros) a quienes lo soliciten y estén empadronados en Sevilla.

Las razones que me dio la amable señorita que recogió mi solicitud (y que me aseguró, serena, que no se había producido hasta ahora ninguna queja al respecto) era la de impedir que los clientes de los pueblos “se aprovechasen” de la tarjeta mensual que ofrece Tussam y que en unos pocos años vio sufrir su precio hasta 6 euros, alcanzando los 30 que cuesta hoy.

No hay que ser licenciado (perdón, graduado, que ya está aquí Bolonia) para ver el resultado: el transporte ida y vuelta diario, con un solo transbordo, que proceda de los pueblos cercanos a Sevilla, con motivos de trabajo o cualquier otro, perderá su única opción viable y se verá obligado a hacerse con la nueva tarjeta de 10 viajes, cuya tarifa está también pendiente de tarifa.

Lo que obligará a estos clientes a coger el coche. Y lo que empeorará el tráfico. Y la contaminación. Y ahí tenemos la preocupación por el Medio Ambiente de la que se jacta Tussam.


Contra la Universidad: la Facultad de Comunicación de Sevilla aprueba los nuevos grados

Los nuevos grados de la Facultad de Comunicación de Sevilla (Periodismo, Comunicación Audiovisual y Publicidad) fueron finalmente aprobados tras las votaciones realizadas el pasado lunes en la Comisión de Planes de Estudios y el martes posterior en Junta de Facultad.

De la Comisión del lunes hay que destacar las prisas que se dio Francisco Sierra, decano, iniciando la votación siete minutos después de la convocatoria, con una gran parte de los miembros ausentes y aún por llegar, y cuyo único preámbulo fue la petición de votar los planes por separado. La votación fue indignante, vistas las prisas y la continua entrada y salida de los miembros de la Comisión (lo que no está permitido durante un proceso de votación). Además, en el parte de asistencia no figuraban y por tanto no firmaron todos los nombres que correspondían, por lo que muy posiblemente podamos considerar la votación ilegal.

En cuanto a la reunión Junta que se celebró el martes, la supuesta presión que se sugirió durante la Asamblea de alumnos se quedó en dos alumnos y el resultado fue el Sí (con 30 votos, frente a un No de 15 votos, aproximadamente). Cabe destacar de nuevo las prisas del señor decano, el extraño discurso previo del profesor Miguel Nieto, pidiendo disculpas por oponerse a los planes y pidiendo el apoyo de la institución (es decir, la facultad), y la decisión de votar en contra que ejercieron los representantes del alumnado, resultado de la Asamblea.

El resultado de todo esto es que Comunicación podrá ofertar estudios de grado para el próximo año, y unos planes de estudios que nacen de los intereses departamentales y abren rencillas y cicatrices en el profesorado que nadie sabe cuándo sanarán.