Archivo de la categoría: Cultura

¿Se acuerda de este pianista? (II)

Puedes leer aquí la primera parte.

Fueron pasando las semanas, creciendo a su vez la expectación por Piano man. E incluso la industria de Hollywood pensaba realizar una película sobre su vida. Se continuó con la búsqueda de su identificación, aunque no se había conseguido nada, pensando muchos de los trabajadores del hospital que se quedaría con ellos para siempre.

Pero el 20 de agosto se tuvo constancia que el joven había dejado el hospital repentinamente. El primero de los medios de comunicación que trató sobre ello fue el sensacionalista tabloide británico The Mirror, aunque tardó dos días en publicarlo.

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¿Se acuerda de este pianista? (I)

Un día de mayo de 2005 estaba leyendo, como habitualmente hacía, el periódico que se distribuía en el centro dónde yo estudiaba, que era El País. Un reportaje, situado en la contraportada, me atrajo inmediatamente. Gran medida de ello fue su muy directo titular: ¿Conoce a este pianista?, del que parte de este he utilizado deliberadamente para este post. También tenía su fuerza la foto situada en el centro, que se correspondía con el músico: un joven rubio de mirada perdida y algo cabizbajo, sujetando un montón de partituras. Pocos días después, todo lo referido con el pianista de El País fue ampliamente difundido por las televisiones de España. Aunque, por lo menos en este país, apenas se supo finalmente lo que le pasó a él.

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Las instantáneas de los periodistas retenidos en Libia

Historieta de Neto dedicada a Brabo, con motivo del Día Internacional de la Libertad de Prensa

Justo hoy se cumplen 41 días de que Manu Brabo, fotoperiodista zaragozano, fuese detenido en Libia por soldados partidarios de Gadafi, cerca de la población de Brega. Tampoco estaba sólo, ya que había sido capturado en un vehículo junto con otros 3 reporteros gráficos: James Foley, Clare Morgana Gillis (ambos estadounidenses que cubrían la guerra para GlobalPost y USA Today respectivamente) y Anton Hammerl, de nacionalidad sudafricana.

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Al rescate de la memoria perdida del flamenco

A pesar de que el flamenco siempre se ha interpretado como una de las más contundentes muestras de dolor que jamás ha expresado el hombre a través del arte, lo cierto es que los temas que recogen este tipo de cantes casi siempre se centran en el intimismo. Son prácticamente nulas las referencias hacia los problemas sociales, salvo muy contadas excepciones. David Roldán, flamencólogo visueño, ofrece una explicación ante tal paradoja: el flamenco fue fuertemente represaliado durante el franquismo. “Siempre hubo letras subversivas contra el orden establecido, es la razón de ser del flamenco, pero con la llegada  del franquismo fueron censuradas, y sus cantaores, represaliados. Fue entonces cuando se fomentó la copla y el llamado flamenco de ida y vuelta, mucho menos peligrosos. Ahí de donde surge el tópico que aún perdura hoy día, de que el flamenco es un arte de charanga y pandereta. Pero no siempre fue así”, señala Roldán.

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26 de marzo: el día en el que el mundo se quedará una hora a oscuras

Tras la iniciativa popular del apagón del día 15 de febrero, con motivo del Día del Consumidor y para mostrarse en contra la subida de los precios de las compañías eléctricas, se ha convocado otro para el 26 de este mes, llevado a cabo por la organización ecologista WFF dentro del evento global La Hora del Planeta.

La Hora del Planeta comenzó el 31 de marzo de 2007 en la ciudad con más habitantes de Australia, en Sidney, cuando sus ciudadanos apagaron las luces como protesta contra el cambio climático. Tras el éxito de esta medida, se fue extendiendo al año siguiente, participando de ella unos 35 países, además de tener una amplia repercusión mediática, tanto en su organización como en el momento del apagón . En 2009, los estados que se asociaron para llevar esta acción llegaron a ser unos 88.

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El hombre orgulloso

Pablo Pineda Ferrer pasea por la Avenida Donostiarras de Madrid. Por la carretera M-30 pasan los coches deprisa, sin concesiones. Y por la acera, los transeúntes se cruzan y le miran. Hay un padre con su hijo que se ocultan detrás un seto para mirar. Esos ojos piensan, son fugaces y tímidos. Algunos ven a un chico con síndrome de Down otros, a un actor de cine. Pineda no les presta atención. Lleva 36 años sin hacerlo. Con sus zapatos negros arrastra su cuerpo. Le pesan los muslos y camina despacio. No tiene prisa. Le basta un metro y medio de estatura para que el sol llegue a su cara. E ilumina sus ojos negros. Son profundos como una laguna de montaña, aunque los disimula con las gafas. Cuando sonríe, comprime los párpados hasta que desaparecen esos dos puntos oscuros: se está riendo por dentro.

En la avenida Donostiarras se cruza con una mujer delgada y alta. Hablan entre ellos a voces. Se ríen y se abrazan. Ella es la señora que cuida de la familia Pineda Ferrer. Es de Málaga, como él. Tienen el mismo acento andaluz. Y está en Madrid trabajando en la casa del hermano del actor. Pineda le rodea el cuello con los brazos, y parece un niño que se despide de su madre. Con esta muestra de cariño en la calle, enlaza su infancia con la felicidad que sintió cuando ganó la Concha de Plata en el Festival de cine de San Sebastián por su papel en Yo, también. El día que le comunicaron el premio acababa de aterrizar en su tierra, donde vive con sus padres. Lloró. Y siguió llorando mientras un amigo le preguntaba el porqué. Encima del escenario del Kursaal donostiarra, el trofeo se reflejaba en las gafas de Pineda. Cada surco de la Concha es un conflicto superado para subir los peldaños hasta el estrado y hablar al público sin vergüenza. Por eso, guarda el galardón en una estantería de su cuarto.

Pineda abre el portal del edificio de su hermano, donde se hospeda cuando viene a Madrid. Y sube los tres escalones altos que comunican la entrada con los ascensores. Arrastra las piernas, se apoya en la barandilla metálica y sigue el movimiento de su pie con el cuerpo. Rechaza cualquier tipo de ayuda: puede solo. Cuando entra en casa, saluda a Gastón, un bulldog que patina con sus uñas sobre las baldosas del suelo. Y prepara una cafetera de nueva generación, tan moderna y complicada que parece una nave espacial. Lo hace sin preguntas, sin dudas. Sin pedir colaboración. Supera una barrera más. Fue igual cuando tenía siete años y un profesor le preguntó si sabía que era un chico con síndrome de Down. Pineda dijo que sí, aunque en verdad no sabía a qué estaba contestando. Pero no se amilanó y preguntó: “¿Soy tonto?, ¿puedo seguir en el colegio?”. Terminó la escuela y se matriculó en la universidad. Es el primer europeo con síndrome licenciado. Los diplomas de Magisterio y de Psicopedagogía forman parte de su estantería de prejuicios derrocados. Son, además, una estatua de los malos momentos, para no olvidar el desprecio ajeno. El actor recuerda cuando estudiaba Segundo de BUP. Fue uno de sus peores años porque sus compañeros de clase le marginaron. Nadie le hacía caso y estaba todo el día solo. Dudó de sí mismo. Pero el rechazo de los otros alumnos le hizo más fuerte. Y ahora se llena de orgullo cuando piensa que los que le despreciaron le han visto en el cine. Que también han visto su beso con Lola Dueñas.

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Una muestra para quitarse el sombrero

La diseñadora visueña Eugenia Jiménez expondrá, junto a otros ocho diseñadores andaluces, un  showroom en Londres el próximo día 21 de febrero. Allí presentará sus últimos modelos en pamelas, sombreros y tocados, así como también complementos de moda.

La diseñadora de 29 años Eugenia Jiménez expone este mes en la capital internacional del sombrero. Será en un marco incomparable, la London Fashion Week, donde expondrá, junto a otros ocho diseñadores andaluces, un showroom, que tendrá lugar en la Shooting Gallery del Haymarket. Es en ese hotel, y en territorio inglés, donde la joven visueña intentará levantar un arco del triunfo tan grande que ensombrezca a la columna dedicada al almirante inglés Nelson, de infausto recuerdo para los españoles. Precisamente el hotel está ubicado en la céntrica Plaza de Trafalgar.

Es en esa plaza, que parece configurada por el caprichoso destino, donde Eugenia Jiménez pretende dar en pleno 2011 el salto al éxito y al reconocimiento internacional. La venganza se sirve en plato frío, pero se cocina a fuego lento.

Pero el actual enemigo no son los ingleses, si no los chinos. “Son las leyes del mercado actual. Es muy difícil que los diseñadores españoles compitamos con ellos en cuanto a precios, por lo que intentamos dar a nuestros productos una diferenciación en calidad, algo en lo que pocos nos superan”, afirma la modista, que ha retomado la vieja técnica de los sombrereros de antaño de confeccionar sus obras puntada tras puntada. Sólo así se puede conferir al producto final un acabado inapelable. Sólo así consigue que cada pamela, sombrero, tocado o complemento que pasa por sus manos, se vea impregnado de su inigualable y exclusivo sello personal.

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