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Las instantáneas de los periodistas retenidos en Libia

Historieta de Neto dedicada a Brabo, con motivo del Día Internacional de la Libertad de Prensa

Justo hoy se cumplen 41 días de que Manu Brabo, fotoperiodista zaragozano, fuese detenido en Libia por soldados partidarios de Gadafi, cerca de la población de Brega. Tampoco estaba sólo, ya que había sido capturado en un vehículo junto con otros 3 reporteros gráficos: James Foley, Clare Morgana Gillis (ambos estadounidenses que cubrían la guerra para GlobalPost y USA Today respectivamente) y Anton Hammerl, de nacionalidad sudafricana.

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Esa sucia forma de actuar de los Estados Unidos

Estados Unidos vuelve a usar sus viejos trucos para quitar de en medio a quien pretende alterar el sistema. Nada nuevo bajo el sol. Ello a pesar de que “The Hope” está al cargo de un país que, más que cambiar,  se regenera a sí mismo. Eso mismo fue lo que provocó el cambio de nombres –Obama por Bush-, pero que sólo fue eso, un falso cambio que sólo le ha servido a Obama para ratificar todos y cada uno de los  pasos dados anteriormente por su antecesor.

De ser cierta la noticia aparecida hoy -si su objetivo es simplemente dañar la credibilidad de Julian Assange, ya lo han conseguido- serviría para confirmar que Obama sigue siendo una gran mentira, un producto del márketing, y que lo que hace no es nuevo, sino que sigue los pasos del viejo libro de estilo norteamericano, donde aparece registrado cómo se debe actuar en cada caso, para hacer desaparecer a aquellos elementos incómodos, ésos que pueden deshacer todo el tinglado tal y como está actualmente montado, y que ya sabemos a quién favorece.

Las argucias utilizadas por el país norteamericano desde que se constituyó como nación para defender sus propios intereses, muestran a las claras que el estado democrático más antiguo del mundo, sigue muy a rajatabla aquella máxima maquiavélica en la que el fin siempre justifica los medios. Y si hay que quitar de en medio a uno, todo sea por el bien de una nación.

No expongo una opinión personal. Esa postura ya fue defendida abiertamente ante las Naciones Unidas por Jeane Kirkpatrick, en su famosa doctrina. En ese momento hizo público el, hasta entonces oculto, libro de estilo norteamericano. El objetivo entonces era erradicar los estados socialistas. El fin último, dar continuidad al sistema.  Siguiendo dicha postura, daba igual hacer desaparecer a ciertas personas o mantener a todo un país sumido en una dictadura. Eran los 80, la época de Ronald Reagan, y con su famosa doctrina, Kirkpatrick justificó que en plena Guerra Fría, Estados Unidos crease y protegiera dictaduras totalitarias, aunque fuesen genocidas, para así mantener a raya a un determinado pueblo, que podía ver con buenos ojos determinadas ideas progresistas.

Según Kirkpatrick, los regímenes totalitarios procuran controlar los pensamientos de sus ciudadanos, utilizando la propaganda, el lavado cerebral, la reeducación, el espionaje a particulares y la represión política masiva basada en la ideología del Estado.

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El egoísmo de los nietos. Columna de opinión

El capitán John H. Miller desembarca en la playa de Omaha, junto con su escuadra, el 6 de junio de 1944. En la película de Spielberg, este personaje -interpretado por Tom Hanks– se convierte en un héroe por salvar al soldado Ryan de la guerra. Las escenas de este título presentaron en la mente del espectador el dolor, la sangre que manchaba hasta a la cámara. Para mí fue

Flickr: MATEUS_27:24&25

suficiente con ver la película para desengañarme de la belleza de la lucha, del honor militar y de los desfiles castrenses. Pero el ejército sigue siendo una institución elegante en Estados Unidos; y esos chicos que -como yo- vimos en 1998 cómo silban las balas en el campo de batalla, sirven hoy en Iraq y Afganistán.

Hollywood tiene historias bélicas para las generaciones del siglo XX. Y el país de la libertad tiene generaciones para todas sus guerras. En estos cien años, el abuelo ficticio del capitán Miller participó en la Primera Guerra Mundial, su hijo -John Junior- luchó en Vietnam, y su nieto, en alguna de las operaciones en el Golfo Pérsico. La guerra es una droga necesaria en Estados Unidos, el pueblo necesita su dosis pequeña de héroes. Y el cine, de esas historias: es una relación perfecta.

Aún así, los conflictos del siglo XX han producido soldados distintos: los reclutas de las dos guerras mundiales fueron recibidos con besos de muchachas bellas en Nueva York; los de Vietnam, con distubios en las calles de Chicago. En el caso de las guerras modernas, las que sangran Oriente Medio, el ejército está formado por soldados profesionales, voluntarios. Ellos forman parte

Flickr: dgphill

del análisis que Kathryn Bigelow hace del héroe actual en su película The Hurt Locker; sobre todo, de los zapadores que desactivan minas en las calles de Bagdag. Son presentados como individuos superiores, que han escogido por vocación un trabajo con un pie en el cielo y otro en la tierra. Mitad robot y humano disfrazado con una escafandra, los soldados no sufren como el capitán Miller en la Francia nevada. Y, en su tiempo libre, siguen disfrutando con la guerra por televisión, con videojuegos Shoot’ em up (mata todo lo que puedas). Como dice la directora de cine: “Su coraje y audacia vienen en parte de una necesidad egoísta y no de un puro altruismo”.

La guerra en Estados Unidos es una experiencia vital, la próxima generación la va a reclamar por egoísmo, para ser como sus padres, y abuelos.


Jon Sistiaga: “Lo importante no es llegar el primero, sino ser el primero en contarlo bien”

VALENCIA .- Gemma Jordán

Sistiaga durante la conferencia. Foto: Gemma Jordán / Electropress

Entre la espada y la pared; así puede verse cualquier periodista que cubra una información o una historia conflictiva, violenta o delicada. Y así se ha sentido muchas veces el reportero Jon Sistiaga (lo conocereis porque ahora trabaja para Cuatro y porque era compañero de José Couso, el cámara de Telecinco asesinado en el hotel palestina, en Irak, por un obús norteamericano), y por eso tituló su conferencia “Entre el conflicto bélico y el ético”.

La conferencia, en el Centre de Cultura Contemporània Octubre de Valencia, comenzó con una muy buena presentación del librero Lluís Andrés. Buena por breve y clara, “Nunca tantos han estado tan desinformados por tan pocos“, citó a Eduardo Galeano. Con eso quedaba explicado todo.

Una de las afirmaciones que más llegó al público de Sistiaga, además de la curiosidad que despertó que no quiera ser llamado “reportero de guerra”, fue que los periodistas nos hemos convertido en los historiadores, los notarios del siglo XXI, que esa aportación a la memoria y la conciencia colectiva era lo que le impulsaba (en realidad nos impulsa a muchos) a seguir trabajando y viajando a esos lugares. Eso, y el poder ser testigo de las más grandes miserias del ser humano, pero también de sus más grandes virtudes.

Sistiaga no quiere ser considerado “reportero de guerra” por las implicaciones que ese término arrastra tradicionalmente; divorcios, alcohol, dureza, búsqueda del riesgo gratuito, insensibilidad…y muchas veces también manipulación de la realidad para vender mejor una noticia a través del morbo. A raíz de esto comentó una anécdota curiosa, la que le ocurrió con dos compañeros reporteros de otros medios, porque les grabó disparando una Kalashnikov junto a miembros de la Alianza del Norte, en Afganistán, como prueba y noticia de que allí, durante días, no ocurría nada interesante ni mucho menos peligroso, a pesar de que esos compañeros, después, vendieran en sus medios la arriesgada a la par que interesante situación que estaban viviendo. Por supuesto, a aquellos dos reporteros no les hizo ninguna gracia.

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Hablemos de guerra

Ni la muerte del cabo Cristo Ancor Cabello, ni reportajes como Españoles en la ratonera, de nuestros compañeros David Beriain y Sergio Caro, ni siquiera todas las evidencias existentes son capaces de hacer que este Gobierno admita lo que todo el mundo sabe desde hace tiempo: que Afganistán es una guerra.

Cuando el presidente Zapatero habla de “misión de paz” en referencia a Afganistán, en realidad no miente, porque el cometido de las tropas españolas en el estado asiático es el de reconstruir el país, asistir a la población y proporcionar apoyo logístico a las tropas de la OTAN. Sin embargo, decir eso de Afganistán es poner su situación a la altura de, por ejemplo, la de Kosovo. Y, no obstante, son muy diferentes.

Afganistán es un país donde miles de soldados se enfrentan a diario a un enemigo invisible, peligroso, con un gran y creciente poder y que lleva las de ganar. Que el Gobierno venda esto a los ciudadanos con la etiqueta de “misión de paz” o de “reconstrucción” no es un simple eufemismo, sino una omisión de la verdad. Una mentira.

Y una irresponsabilidad, cuando se trata de los soldados, porque, como dice la madre del cabo Cabello, van a Afganistán con una idea, y se encuentran con algo muy diferente. Como vimos en el reportaje de Beriain y Caro, los soldados siguen sin entender qué demonios han ido a hacer allí, si a reconstruir un país o a luchar. No saben si tienen que construir edificios y velar por la seguridad ciudadana, o si tienen que arremeter contra los insurgentes.

Algo que se vuelve insultante cuando vemos a Rubalcaba negándose a reconocer que en Afganistán hay una guerra porque no quiere compararla con la de Irak. “No tienen nada que ver”, dice. Eso es algo obvio –ya lo dijo Jon Sistiaga-, pero es algo que no implica que no haya que llamar a las cosas por su nombre. De hecho, que el Gobierno oculte la verdad de esta forma, y con ese mezquino interés político, recuerda precisamente a Irak (¿ya no se acuerdan de las armas de destrucción masiva?).

Pero es por eso mismo por lo que hay que decir la verdad. Los españoles han de comprender que Afganistán no es Irak, que España realiza una labor humanitaria (¿o acaso no?), y que es justo que nuestros soldados permanezcan allí porque el país lo necesita. Pero, sobre todo, los españoles nos merecemos un Gobierno que no nos mienta (curiosamente lo que pedían los actuales gobernantes en marzo de 2004). Así que dejémonos de propaganda. Ahora, hablemos de guerra.


El Premio Nobel, a la altura del Príncipe de Asturias

masters2.uab.es

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Incomprensiblemente, Barack Obama ha sido designado como Premio Nobel de la Paz. La máquina propagandítica  norteamericana prosigue con su camino de lavado de cara, simple chapa y pintura a un país que desde sus orígenes ha convertido la guerra y el expansionismo más cruel a costa de los más pobres  en sus más destacados credenciales. Algo huele a podrido en el país de la libertad, la democracia y de las oportunidades.

Norteamerica basa su dominio mundial en su hegemonía económica, en lo que nos vende por las buenas -o por la malas, abriendo mercados a base de guerras-. Nos intenta colar, al fin y al cabo, un estilo de vida. Ropa, hamburguesas, coches o películas nos transmiten valores que creemos propios al comprarlos. Pero en los últimos años, la imagen de los Estados Unidos ha cambiado. Ahora su imagen es la de un país rancio, expansionista, paleto y tremendamente injusto. De ahí que sea hoy día el país más odiado. Prueba de ello son los atentados islamistas o las múltiples manifestaciones alrededor del mundo contra las últimas guerras en las que se ha embarcado. ¿Quién iba a querer comer las hamburguesas que come ese tipo de gente?

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Los Centinelas del Imperio

Por: El Jaguar.

Enlazando con mi crónica anterior para los que la hayáis leído, es bien sabido por todos nosotros desafortunadamente que el papel de Israel en Oriente Medio, es el interés militar de EEUU e Israel junto con los “Halcones” de ambos estados por  disponer de un “centinela” potente de los negocios de las multinacionales del Imperio y sus acólitos Occidentales de cara a controlar principalmente los recursos fósiles de Oriente Medio con la excusa (del material militar y rearme de las tropas judías) de los países musulmanes y, su intención de echar al estado sionista al mar.

Barack Hussein Obama y Alvaro Uribe
Barack Hussein Obama y Alvaro Uribe

Pues bien, dicho esto y, corroborando el inicio de esta crónica, tenemos dos centinelas relativamente nuevos comparados con Israel: Colombia y Afganistán.

Por un lado está el nuevo estado militar de Afganistán con el apoyo de los “Señores de la guerra”, especie de señoritos en los pequeños “Reinos de Taifas” de las provincias, tremendamente misóginos y aplicadores de la “Sharia” o ley islámica. Todo esto lo hemos visto en la farsa de las “elecciones”, una manera eufemística de llamarlo, pues realmente se trata de un plebiscito (para hablar con propiedad) de elección del gran señor de la guerra y misógino/acólito del Imperio, Hamid Karzai.

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