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Being John Malkovich de Spike Jonze

El hombre que hay detrás de los titeres

John Cusack mueve los hilos de unos títeres en la primera escena de la película Being John Malkovich, de Spike Jonze. El muñeco se parece físicamente a su personaje -Craig-: con gafas, barba y el pelo recogido. Es una marioneta que usa el protagonista para ocultar su identidad, o la búsqueda de la misma.

Después aparece en escena Cameron Diaz -Lotte, la mujer de Craig-, que vive en una casa rodeada de animales, que trata como si fuesen humanos. Por ejemplo, hay un mono llamado Elijah, que está traumatizado desde pequeño por no saber ser mono; y a quien la pareja lo trata como si fuese un hijo. También hay un loro que habla y hace de despertador. Son seres que no saben ser, que han perdido su identidad propia o que nunca la han encontrado.

Por eso, Lotte se despide de su marido diciéndole que busque un trabajo normal, que no tenga que ver con las marionetas, porque se va a sentir mejor. Además, Craig quiere trabajar como titiritero, es lo que sabe hacer y se siente cómodo siendo otra persona que puede controlar. Él quiere ser como Derek Mantini, el ejemplo de profesional tras los hilos. Incluso en este aspecto se ve que Craig no quiere ser él mismo, quiere ser Derek Mantini.

Entonces aparece Catherine Keener -Maxine- en la historia para desconcertar al protagonista. Porque este tercer personaje controla su identidad: es atrevida y dominante. Y Craig se convierte en John Malkovich, aprende a controlarlo como si fuese un títere más; adquiere su identidad aunque apenas sabe nada de la vida del actor, pero lo hace porque atrae a Maxine, y se deja dominar por estar con ella.

Craig se camufla detrás de otra persona, porque no quiere mostrarse; y construye una realidad paralela que le hace feliz, pero que es sólo parte de su juego con hilos: desaparece cuando cae el telón.

Being John Malkovich fue el debut como director de cine de Spike Jonze, quien antes había trabajado como realizador de videoclips para REM (Michael Stipe -cantante del grupo- es el co-productor de su debut); y Björk, por ejemplo, quien también participa con una de las canciones. Esta película, además, junta en la parte creativa a Spike Jonze con Charlie Kaufman -también debuta como guionista-, a quien admiro por obras maestras como Eternal sunshine of the spotless mind; y, más recientemente, Synecdoque New York.

Fruto de la relación entre Spike Jonze y Charlie Kaufman crearían, también, la película Adaptation: donde se narran los problemas del propio guionista por adaptar la novela homónima. Ya en solitario, el director Jonze presentó Where the wild things are (Donde viven los monstruos. Reseña de Sinfuturoysinunduro)

Foto 2: Darwin Bell (Flickr)


¿Dónde viven los monstruos?

¿Dónde viven los monstruos? Es más, ¿quiénes son los monstruos?, ¿somos nosotros? ¿Sólo los adultos, los zurdos, o, simplemente, los gemelos?

Es difícil hablar de la última película de Spike Jonze, “Donde viven los monstruos“, porque no es una película para niños, ni tampoco marcadamente para adultos. Quizá su público sea sólo el propio Jonze, y aquellos que no se consideran ni adultos ni niños, una generación perdida como la nuestra, la de la posmodernidad.
Si algo hay en Spike Jonze que me gusta es su voluntad por contar, de recuperar las narraciones fantásticas propias de los cuentos de cama, sin sentido, que sólo puedan existir en nuestra mente infantil, pero sencillas. Quizá con “Cómo ser John Malkovich” marcó este ritmo genial de dar rienda suelta a su imaginación. Decía Juan Marsé que él, como escritor, era más un narrador que un intelectual:

“Procura tener una buena historia que contar, y procura contarla bien, es decir, esmerándote en el lenguaje”

Hoy día faltan narradores, ¿se siguen contando cuentos para dormir? y como faltan narradores faltan también buenas historias y buenos guiones.

Jonze recupera el texto de Maurice Sendak en el que nos cuenta la vida de un niño, Max, que no encaja en su sociedad; su madre es una mujer divorciada que intenta reacer su vida, su hermana es una adolescente y a él le gusta pasearse por la casa vestido de conejo, contar cuentos y construirse efímeros paraísos donde leer. Cansado del mundo de los adultos, Max escapa a una misteriosa isla repleta de monstruos peludos de 3 metros cuya sociedad se desmorona por la falta de comprensión y tolerancia.

La película toma la fuerza estética de las imágenes creadas por Sendak (las localizaciones son espectaculares, los monstruos tienen una profusión de detalles impactante) y el pulso narrativo de Jonze, que es eléctrico, aunque impreciso. Hay continuos saltos emocionales, se pasa del golpe dramático más duro a una divertida batalla de bolas, y en ocasiones la historia es complicada de seguir o los giros se resuelven de maneras poco lógicas.

Eso sí, el ojo de Spike Jonze ha sabido recrear a la perfección el mundo de Sendak, el escritor. La cámara te transporta a un mundo onírico pero que también puede ser real y pernicioso, como si toda libertad escondiese su desventaja. En ocasiones me daba la sensación de estar ante la película más “bella” de todo el año.
Toda la película se sustenta sobre el viaje interior y transcendental de Max hacia la madurez, en el que los monstruos simbolizan los miedos y complejos de la infancia. También el egoísmo, la idealización y las fantasías propias de los niños.

A pesar de todo, se hace duro ver esta película, demasiado cruenta y desgarradora. No hay esperanza en el mundo de los monstruos, y en el de los adultos predominan los tonos grises. Además está cargada de imágenes y signos que raramente penetrarán en el cerebro de un niño. Aunque seguro que ellos se quedan con otras cosas de la película

El doblaje es un error, perdón, horror.