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“Baztan”, una historia de agotes, los “negros” de Navarra

Baztan parece el fondo de pantalla predeterminado de Windows

Siguiendo el rastro de Unax Ugalde descubro que está rodando una película por el norte de Navarra, un filme que, para no ser menos, se llama Baztan y está dirigido por Iñaki Elizalde, un pamplonés. Aunque sería más poético haberlo titulado, Agote.

Hablando de Navarra, por aquí hay historias fascinantes que merecen ser contadas. Una tierra tan pequeña, pero a la vez tan aislada y tan suya, tan foral y endogámica da para mucho. Una de esas historias apasionantes es la del pueblo de los agotes, los “negros de Navarra”, pues su situación en el devenir de los tiempos se asemeja al de los afroamericanos. Pero, ¿qué es un agote? Eran pobladores de los valles de Baztan y Roncal, del norte navarro, aunque me remito a “Cuidadores de mundos” de Ander Izagirre (Editorial Altaïr) para describir su grado de marginalidad:

Se dijo durante siglos que eran herejes y sellaban pactos con el diablo, que padecían lepra, que no tenían lóbulos en las orejas, que por sus venas corría una sangre casi hirviente. Si pisaban descalzos , la hierba no volvía a crecer; si sostenían una manzana se pudría rápidamente.

Según cita Izagirre en su libro, el origen de los agotes habría que buscarlo en migraciones de cátaros que en el siglo XIII se refugiaron en Navarra huyendo de la Inquisición francesa, que les perseguía por profesar una fe heriática, que no reconocía la divinidad de la Virgen ni de Cristo, que se negaba a realizar sacramentos y que rechazaba la opulencia de la jerarquía católica. El barrio de Bozate en Arizkun fue su particular gueto y, aunque vivían muchas veces hacinados en casas que ni de lejos pueden recordarnos a los espaciosos caseríos de la zona, llegaron a desarrollar una economía potente gracias a su pericia como artesanos y constructores. Al igual que pasó con los judíos en Europa, la envidia, el desconociemiento y el miedo al “otro” desembocaron en el rechazo y la marginalidad:

No les dejaban poseer tierras ni ganado. Ni cortar leña en los bosques comunales. Ni beber en las fuente públicas. Ni casarse con otra gente distinta. Les obligaban a llevar en la ropa un indicativo rojo, con forma de huella de gato. Se les permitía entrar en la iglesia de Arizkun pero asistían a misa arrinconados, encerrados tras una verja, en un fondo al que entraban por una puerta especial.


Casa de Baztan

Recogiendo lo que dice Wikipedia, al parecer la discriminación no fue repudiada por ley hasta 1819, pero en algunos sitios, como Bozate, hasta que no llegó el siglo XX se seguía recelando de ese “otro” que llevaba convivendo con los baztaneses 800 años. La situación era tan tensa que se llegó al punto de que el gobierno navarro intentó deportarlos al pueblo de Nuevo Baztán (Madrid) construido, al parecer, para la ocasión.

El rodaje de Baztan recoge toda esta tradición de discriminación del pueblo agote, que a día de hoy está integrado con normalidad (conozco a una persona apellidada “Agote”, es bonito pensar que tiene algo que ver), y por lo que puedo comprobar su historia maldita es poco conocida fuera de la cultura euskérica. Con Unax Ugalde en el reparto pero también con Carmelo Gómez, Txema Blasco o el debutante Patxi Bengoetxea, el trabajo empezó en marzo de este año y todavía no tiene fecha de finalización. Del director, el navarro Iñaki Elizalde, encontramos dos nominaciones a los Premios Goya en categoría de cortometrajes, por el documental El olvido de la memoria y la ficción Patesnak, un cuento de Navidad. Baztan, es por tanto, su primer largometraje como director.

Noticia en Diario de Navarra.

Las fotos de Baztan aquí publicadas son del Flickr de f0ff0 y de egizu dos gentes a las que no conozco de nada.

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Praga, la Ciudad Dorada

Estas fotos son las que hice en el mes de marzo cuando fui de viaje a la capital checa. He escrito algunas anotaciones debajo de ellas. Las fotografías las he mejorado un poco, aunque siguen estando desenfocadas y algunas de ellas las he cortado un poco, así que pido disculpas de antemano.

Torre Pólvora_Praga

La Torre de la Pólvora

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Epitafio a Palestina

No sigas leyendo si esperas encontrar un artículo periodístico sobre los motivos, las fechas y los números del conflicto árabe-israelí. Para eso, acude aquí, aquí o aquí.

Me quito el disfraz de periodista, ése que en tantas ocasiones me da tanto asco, para quedarme desnuda ante los atroces hechos a los que me enfrento cada día delante del televisor. Atónita e increíblemente indiferente. Porque aunque critique a esos profesionales de la información, soy igual que ellos. Después del segundo plato viene el postre. Y si puedo, una siesta en el sofá.

El mundo entero recibe imágenes, palabras, letras, que tratan de hacer un pequeño esbozo de la masacre que se está sucediendo en Palestina. Y nos quejamos, pensamos cómo es posible, cómo esos hijos de puta, que una vez estuvieron del bando contrario, perseguidos, asediados, pueden ahora llevar a cabo un exterminio de este tamaño por tal de conseguir un puñado de tierras, un puñado de dinero. Nuestros gobiernos se limitarán a condenar los ataques. Los medios pondrán al mismo nivel lanzar una piedra que lanzar un misil. Pero mientras, en ESE lugar del mundo (y de ésto podéis estar seguros) a nadie le interesan las palabras caritativas y de apoyo. No les hacen falta. Lo que de verdad quieren es un maldito hecho feaciente con el que poder vendar la pierna amputada de la mujer que ahora está tirada en la esquina, en medio de la calle. Quieren material humanitario con el que dar de comer a las bocas temblorosas, acorraladas ante el miedo, que desearían más de una vez ingerir veneno en lugar de alimento para que cese la pesadilla. Quieren y necesitan que alguien importante, de una vez por todas, entienda a lo que se enfrentan, que dejen de jugar con sus vidas tratándolos como daños colaterales de un objetivo injusto.

Ya lo dije en mi blog personal. En estos días no paro de escuchar las palabras de un profesor que en tercero de carrera defendió la causa israelí. De verdad que si pudiera, mi regalo de reyes perfecto sería encontrarmelo frente por frente y, sin quitarle la vista de encima, pedirle que me explique cómo se puede tener el corazón y la sangre fría necesarias para no sentir compasión por el pueblo palestino. Y odio por Israel.

Bueno, a él y a todos los peces gordos que, una vez más, hacen que este mundo sea inhabitable.

Para finalizar el año, recupero un vídeo algo antiguo pero que se adecua a la situación: