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La Historia en las cunetas

“La batalla de la memoria la ganó Franco, pero bien ganada”, dice el historiador José María García Márquez con la mirada intensa agazapada tras unas gafas de cristal estrecho. En esos ojos se adivinan años de escudriñamiento sobre la Guerra Civil en Sevilla y Huelva, sobre la represión y sobre la identidad de miles de personas que aún vagan por cunetas y olivares, sin nombre, sin recuerdo.

La carrera de José María está basada en la búsqueda de la historia de muchos de aquellos que murieron reprimidos desde el alzamiento de 1936, y sus historias, como leyendas negras narradas en noches de tormenta, asaltan su memoria, como la de aquél que cortó unas orejas a un fusilado para guardarlas como trofeo y fue considerado un “ardiente defensor del glorioso movimiento nacional”. Historias de estar “dentro del fango, de las catacumbas del terror”.

Su labor de investigación y reconstrucción de la historia a partir de los documentos del régimen franquista tiene como fin, además de la recuperación de la identidad y el emplazamiento de miles de personas represaliadas, el esclarecimiento de una de nuestras épocas más oscuras, “algo que no se estudia en la escuela, que es donde se debería tratar esto, como se hizo con las dictaduras del nazismo y el comunismo en Alemania”. Contribuir a “que se sepa quién era Francisco Franco o cualquier otro, que es lo importante, y no quitarle su nombre a una calle cualquiera”.

La obra histórica de José María García Márquez es fundamental para tapar los desconchones que pueblan la tapia de aquellos años oscuros sobre los que, poco a poco, con la suavidad de la distancia, comienza a caer la luz.

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Un post y una entrevista realizada por Jack Daniel’s y el que esto firma.


La II Guerra Mundial se empezó a ganar en Punta Umbría (Huelva)

Hoy se cumplen 65 años del “Día D”, el desembarco de Normandía. La batalla por la que soldados norteamericanos, británicos y canadienses tomaron la Playa de Omaha para terminar definitivamente con la invasión nazi en Francia. Una batalla en la que murieron 9.387 soldados norteamericanos, y fundamental para el posterior transcurso de la Guerra. Todos conocemos cómo transcurrió la operación, sobre todo gracias al cine. Pero lo que pocos saben es que la II Guerra Mundial se empezó a ganar un año antes, gracias a la operación “Carne Picada” (Mincemeat), que tuvo lugar en España, más concretamente en Punta Umbría (Huelva). El plan era engañar a los alemanes para hacerles creer que los aliados no tomarían Sicilia, sino los Balcanes, Córcega y Cerdeña.

Todo ocurrió la primavera de 1943. A la playa de El Portil llegó el cuerpo de un aviador británico, William Martin, descubierto por José Antonio Rey María, un pescador puntaumbrieño de origen portugués. Junto al cuerpo se hallaron unos documentos de suma importancia. En ellos se decía que se estaba preparando un desembarco aliado en el Mediterráneo, pero no en Sicilia, punto estratégico fundamental entre África y Europa, sino en diferentes puntos “de menor importancia” para así sorprender a los nazis.

El muerto no era realmente William Martin –el hombre que nunca existió-, sino que se trataba de un vagabundo alcohólico galés llamado Michael Glyndwr, que murió por ingerir un raticida. Ese raticida le provocó una neumonía, es decir, un encharcamiento pulmonar, similar al de un ahogado, y por ello fue considerado como el anzuelo perfecto. El cuerpo fue abandonado por un submarino frente a las costas onubenses, con la intención de engañar a los alemanes, pues estaba claro que los españoles, aunque oficialmente neutrales, harían llegar la informacion a los numerosos espías nazis presentes en nuestro país.

La información no tardó en llegar  al propio Hitler, quien cayó totalmente en la trampa tendida por los aliados.  El objetivo seguía siendo Sicilia, pero había que disuadir a los alemanes para que no concentrasen toda su defensa en la isla, haciendo así más factible su posesión. La confirmación por parte de espías aliados de que el pez había picado el anzuelo se hizo palpable a través de un escuato telegrama enviado a Winston Churchill que decía “Se han tragado toda la carne picada“.

Hitler hizo caso omiso a las advertencias de su homólogo italiano Mussolini, desconfiado ante todo lo que había sucedido, y retiró a buena parte de sus tropas de Sicilia para situarlas en Córcega y Cerdeña. A su vez, envió al mariscal Rommel, el zorro del desierto, a formar tropas en Grecia para prevenir cualquier intento de invasión continental, y tomó una de las decisiones bélicas más controvertidas de las que llevó a cabo en la contienda: sacó a dos divisiones Panzer del frente ruso, preparadas para entrar en acción en la inminente Batalla del Kursk, que constituyó el comienzo del imparable avance soviético hasta la toma final de Berlín, para enviarlas también al país helénico.

La Operación Mincemeat dio origen así a la Operación Husky, por la que se produjo la toma de Sicilia, en la que murieron 29.000 soldados del eje y 114.000 fueron capturados. Fue el inicio del fin para Hitler, pero también para Mussolini. La conquista de Sicilia fue el primer camino para la posterior toma de la península italiana, que provocó el derrocamiento de Il Duce. Tal fue el engaño, que no se llegó a descubrir hasta el año 1996, gracias a la labor de diversos investigadores de la II Guerra Mundial. Incluso hay una película que narra la historia tal como diversos analistas afirman que sucedió. El cuerpo de William Martin, el hombre que nunca existió, sigue enterrado hoy día en el cementerio de Huelva.