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En favor de regular el periodismo

La democracia ni se entiende ni se podría ejercer sin los medios de comunicación. El periodista es fundamental en la sociedad actual, como actor fundamental del ejercicio democrático. Debe ser la voz de los ciudadanos hacia el poder, pero también debe ser la voz del poder hacia los ciudadanos. Y cómo no, su principal razón de ser, es la de actuar como centinela ante los abusos que los gobernantes cometieran en perjuicio del pueblo. El informador debe, por tanto, velar por el correcto funcionamiento de los mecanismos democráticos.

Al igual que el trabajo de un médico consiste en cuidar la salud de las personas, el trabajo del periodista consiste en cuidar la salud de una sociedad. ¿Qué faceta es más importante? No seré yo quien responda una pregunta tan compleja. Pero es conveniente abordar las causas de por qué una de las profesiones está tan ultrajada y sobre todo hay que pensar en soluciones para que ambas profesiones tengan un rango similar, como en teoría poseen.

Vayamos al contexto. En la actualidad conviven tres tipos de informadores: el que informa siendo licenciado en periodismo, el que trabaja y cobra como periodista sin serlo, y el que se cree periodista porque informa de manera amateur u ocasional, como el que tiene un blog o habla en la radio de su pueblo porque le gusta y se lo pasa muy bien así. Para diferenciarlos, llamaremos al primero periodista –por ser su acepción la más pura-, al segundo lo llamaremos intruso, por hacer del intrusismo profesional su forma de ganarse la vida, y al tercero, periodista ciudadano, como generalmente se le conoce.

Ni que decir tiene que cualquiera de ellos puede ejercer como periodista mejor que los otros. El problema viene cuando las principales características del oficio son la sobresaturación de la demanda laboral, la escasa oferta de empleo, el altísimo nivel de intrusismo y las precarias, indecentes y decimonónicas condiciones laborales. ¿Cuál de los tres tipos de periodistas anteriormente citados debería primar sobre quién?

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El siguiente estatuto

Ya he comentado aquí algunos errores que, a mi juicio, se cometieron en el primer estatuto del periodista. Ahora resulta que la APM ha resucitado la idea. Veremos que les sale, pero para cuando haya algo lo leeré por si con la excusa de que no nos pasemos los periodistas se pasan ellos.

Escribiría más, pero tengo exámenes…


Lo que necesitamos los periodistas

Los periodistas no necesitamos un estatuto que controle nuestros movimientos, ni un consejo “independiente” cuyos miembros escoge el parlamento para que supervise nuestro trabajo. Lo que necesitamos es un sueldo decente que haga tan apetitosos para los periodistas los sobornos, lo que necesitamos es una menos precariedad en nuestro trabajo, para hacerlo de acuerdo a nuestra propia honestidad y no a la “honestidad” de la empresa.

Si así fuera quizás existiese esa pluralidad en los medios que tanto desean (o dicen desear más bien) los gobiernos de un signo o de otro.

Lo que yo no sé es que coño pretende la FeSP (Federación española de Sindicatos de Periodistas) propugnando y apoyando este tipo de medidas, cuando está claro que no son beneficiosas para el periodismo. Por suerte, siempre nos quedará “Sin futuro y sin un duro” para expresarnos en lo que queremos y como queremos. En este sentido creo que el PSOE se está equivocando y creo que debería retirar inmediatamente esa idea que tiene para su programa.


¿Quién controla al controlador?

El PSOE, en el boceto de su programa para las elecciones del 2008, va a incluir la creación de un Consejo Superior de Medios Audiovisuales y Multimedia, que se encargará de velar por la pluralidad de los medios, este consejo será (por supuesto) independiente al gobierno (supongo que será taaaan independiente como el “Consejo estatal de la información” del Estatuto del periodista)

 

Así mismo, el PSOE ha anunciado que buscará un acuerdo con los profesionales de la información, sindicatos y empresas para aprobar una ley sobre el Estatuto del Periodista, afirmando que en él se tratarán temas como la definición del profesional de la información, su acreditación, el secreto profesional (modificando la legislación vigente), el derecho a la cláusula de conciencia, los derechos de autor, el acceso a las vistas judiciales o la participación en las empresas de comunicación.

Como ya dije en otra ocasión, la mejor ley para los periodistas es la que no existe.


La mejor ley para los periodistas es la que no existe (I)

Os dije que escribiría algo acerca del estatuto del periodista que algunos quieren llevar a cabo. Sé que llego tarde a este debate y que ya se ha tratado mucho este tema y que mis argumentos ya han sido usados por otras personas, pero eso no implica que deba callar mi opinión.

Lo primero que quería criticar es la existencia de una “acreditación como periodista profesional” que otorgaría un “Consejo Estatal de la Información”  y se renovaría periódicamente. Ese consejo, según el texto del estatuto “es un organismo público independiente del poder ejecutivo y que rinde cuentas de su actuación al poder legislativo” compuesto por:

a) 8 periodistas elegidos por mayoría de 2/3, 4 por el Congreso y 4 por el Senado;
b) 4 representantes de las asociaciones empresariales de la comunicación elegidos por mayoría de 2/3, 2 por el Congreso y 2 por el Senado;
c) 2 juristas de reconocido prestigio elegidos por mayoría de 2/3, uno por el Congreso y otro por el Senado;
d) 4 representantes de las Centrales Sindicales de ámbito estatal elegidos por mayoría de 2/3, dos por el Congreso y dos por el Senado;
e) 4 representantes de asociaciones de consumidores, radioyentes o telespectadores elegidos por mayoría de 2/3, 2 por el Congreso y 2 por el Senado.

Han leído bien, el consejo es “independiente del poder ejecutivo”, pero sus miembros son escogidos en el congreso y el senado.

Próximamente iré publicando el resto de mis críticas a este proyecto de estatuto del periodista.