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Odio los lunes: algunas reflexiones sobre el cortometraje en España

ALGUNOS PROBLEMAS DEL CORTOMETRAJE ESPAÑOL

  • CONCEPCIÓN

Hagamos un breve repaso por algunos de los problemas más importantes a los que tiene que enfrentarse el mercado del cortometraje en España, que se derivan básicamente de cómo ha ido evolucionando su concepción a lo largo de los años. Antes de comentar, creo que habría que recalcar que algunos -o muchos- de los problemas que vamos a comentar a continuación son también extensibles, en general, a buena parte del sector audiovisual no sólo español sino también europeo. Dicho esto, pasemos a comentar algunos de ellos.

La primera serie de problemas en la que nos centraremos tiene mucho que ver con la concepción del cortometraje como producto audiovisual, y a su vez con el hecho de que, como sabemos, todo producto audiovisual es hijo de la cultura bajo la que nace y, por tanto, tiene el carácter de bien de experiencia. Recordemos que el hecho de ser un bien de experiencia implica que cuanto más se consume cierto tipo de producto, más se van entendiendo los códigos usados en la composición del mensaje, y por lo tanto se adquiere también mayor capacidad de apreciar el producto. Este mismo carácter ha jugado invariablemente en contra del cortometraje; a pesar de que en prácticamente ningún momento de la Historia del Cine gozó de enorme popularidad, su situación ha empeorado desde que la proyección de cortometrajes desapareció de forma definitiva de las salas de cine. Esta drástica reducción de la cuota de pantalla, unido al hecho de que en televisión nunca fue un formato popular, ha obligado en las últimas décadas al cortometraje a recurrir invariablemente a nuevas formas de distribución y exhibición, como internet; como veremos, esto también condiciona de forma importante qué tipo de público recibe el mensaje y cómo lo hace. Y como ya sabemos, los hábitos de consumo varían por franjas y pueden llegar a condicionar el mensaje.

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Odio los lunes: WDIA, la primera radio negra americana

Las tardes de 1947 se desplomaban, una tras otra, sobre los tejados de Memphis, Tennessee. Para J. Pepper y B. Ferguson, las cosas no estaban yendo bien. Enfundados en sus gabardinas –el otoño estaba siendo frío-, devoraban sus cigarros y trataban de cuadrar las cuentas. No habían pasado aún seis meses desde que habían inaugurado, con ilusión y whisky, su propia cadena de radio: la WDIA. En aquel momento no habían podido prever que la ciudad no estaría interesada en otra cadena de radio basada en la música country y el light pop; aún era tiempo de andar asomados a la ventanas en los barrios de la ciudad, con la música acompañando a las amas de casa, antes de la invasión definitiva de los aparatos de televisión y los culos hundidos en sofás.

Aquello tenía poco arreglo. No había oportunidad de negocio para otra radio así. Decidieron dejarlo estar, desconectar los micrófonos, apagar las luces. Aquella tarde de octubre era, para ellos, una misa de requiem. Andaban desenchufando cables, recogiendo papeles, guardando facturas, robando algunos discos para darles mejor uso. Alguien anda golpeando la puerta. Pepper acude a abrir, y se encuentra frente a él a un hombre negro, casi calvo, sonriente y con un bigote sin cerrar. “Me llamo Nat D. Williams”, dice. “Soy profesor de instituto, y creo que puedo salvar su empresa”. No había ningún motivo para fiarse de aquel negro, pero no había nada que perder. Lo sentaron a la mesa del despacho de Pepper, y le dejaron hablar.

Al día siguiente, Williams comenzaba a emitir su propio programa: el Tan Town Jubilee. Era jugárselo todo a una carta. Williams era el primer presentador negro en la historia de la ciudad, y la noticia corrió como la pólvora; como la pólvora con la que los grupos segregacionistas amenazaron a la cadena durante mucho tiempo. Tan Town Jubilee era el primer programa hecho por un negro y para la comunidad negra de Memphis: aproximadamente el 40% de la población de la ciudad. Durante el invierno de 1947, en las casas donde sonaba la WDIA dejó de escucharse country y empezaron a sonar las agrias voces y guitarras del blues.

Las gabardinas de Pepper y Ferguson mejoraron en calidad tan pronto como la WDIA se convirtió en la emisora oficial de radio de Beale Street, los maravillosos tres kilómetros de avenida que, durante muchos años, fue La Meca del Blues. Un lugar que casi ningún chico blanco se atrevía a frecuentar, con clubes abiertos hasta las cinco de la mañana cada noche, donde los músicos de blues terminaban de tocar en un bar y se iban a beber al siguiente. La WDIA había conseguido hacer escalera de color. Tocaba seguir apostando; jugaban sobre seguro. Durante los años siguientes, la emisora pasó a ser la única hecha enteramente por y para la población negra.

Lo que comenzó siendo un intento desesperado de salvar un barco que se hundía acabó siendo un estandarte de acero en la lucha por los derechos sociales de los negros. En la WDIA no existió jamás la segregación racial, y acogió a la primera voz femenina negra en la radio, la de la enorme –literalmente- Willa Monroe. También sirvió de altavoz para la incipiente lucha, que culminaría con cierta mujer negándose a ceder su sitio en el autobús. Y, de paso, también fue el lugar donde comenzaron sus carreras estrellas del blues como Rufus Thomas o B.B. King; y el lugar donde se formó un camionero al que luego llamaron Elvis Presley.

En 1954, WDIA era, de lejos, la cadena más escuchada de Memphis. Pepper, que se había quedado al cargo de la emisoria, decidió echar el resto de las cartas sobre la mesa. La emisora amplió su capacidad de emisión hasta los 50.000 vatios. Las ondas derribaron las fronteras de Memphis, y pronto las voces de aquellos negros resonaban por todo el Delta del Mississippi. Esto despejó finalmente el miedo de los que quedaban: los anunciantes. La WDIA tenía ahora la capacidad de llegar al 10% de toda la población afroamericana de América. No iban a dejarlo escapar. Sin embargo, la función social, adquirida y no innata, se mantuvo en la cadena; de hecho, fue su eslógan desde entonces. 50.000 Watts of Goodwill.

Nat D. Williams murió en 1972, pero su espíritu, y su historia, habían quedado para siempre; como el Museo de Derechos Civiles que había ayudado a crear. Lo demás, pueden seguir ustedes escuchándolo hoy, día y noche, en la frecuencia de los 1070kHz de la AM norteamericana.

“I remember when the black ambulances could not haul white people. They had a white company, I’ll never forget, called Thompson’s. I was on my way to the station, and when I come around the curve there was the ambulance from S. W. Qualls with the door open, and there was a white lady laying in the ditch, bleeding. And they were waiting for Thompson’s to come and pick her up. Qualls couldn’t pick her up. I guess I waited thirty or forty minutes and still no ambulance. They tell me that the lady died. So I came to WDIA and told the tale. I said, ‘Look here.’ I said, ‘Black folks put their hands in your flour and make your bread, they cook the meat, they clean up your house, and here’s this fine aristocratic white lady laying in the ditch bleeding and they won’t let black hands pick her up and rush her to the hospital.’ And the next week, they changed that law where a black ambulance could pick up anybody. I got that changed on WDIA.”

–Reverend Dwight “Gatemouth” Moore, WDIA disc jockey


Odio los lunes: Quítatelo todo

Me preocupa empezar a sonar como un viejo que cuenta batallitas, pero, sinceramente, últimamente no hago más que sorprenderme con el camino que ha ido tomando internet. Cuando a mí me regalaron internet por la comunión allá por ni me acuerdo cuándo ya (el 56k era entonces como wow, like Windows Vista), recuerdo que la súper innovación en comunicación en internet era el IRC. Cuando IRC-Hispano era todavía una mierda y lo que lo petaba realmente era el IRC de Terra (lo cerraron en 2002 o 2003, si mal no recuerdo). Por entonces yo, un prepúber que ni siquiera podía ver porno en el PC por la mísera velocidad de conexión, me reía de mi madre cuando se espantaba si salía en un informativo una noticia de gente de internet. Que qué peligroso era porque ahí nadie sabía quién era nadie, y que bajo el nick Mimosa24 podía estar el carnicero de enfrente que no veas cómo maneja el cuchillo, y que si luego te violan, etc. (ya ves tú). No os quiero ni contar cuando le dije, con 14 o 15 años, que me iba a mi primera kdd con gente del canal #tolkien del IRC (esto era alrededor de 2000 o por ahí, el uso masivo de internet todavía no existía).

Ahora ya mi madre no se asusta, pero es que tampoco tendría motivos. Ahora ya mi madre no tendría que preocuparse por Mimosa24 y por el carnicero de enfrente. Para empezar porque nos mudamos y ya compramos la carne en otra parte, y luego porque Mimosa24 ya no existe. Ahora la chica en cuestión es Ana García Quiñones (cualquier parecido con la realidad es mera concidencia), y la puedes encontrar en Tuenti, en Facebook, en Badoo, y donde haga falta. De hecho, aparte de su sexo real, podría averiguar si su rubio es natural o teñido, cuándo y por qué lo deja con su cuarto novio a través de su estado de Facebook, qué capítulo de Flash Forward estuvo viendo ayer, o la decoración del sitio al que fue el viernes con su grupo de amigas. De hecho, si yo hubiera conocido a Mimosa24 hoy en lugar de hace 8 años nunca habría llegado a hablarle: habría sabido, por uno de esos memes estúpidos que tan de moda puso Fotolog, que en su nick del messenger pone mayúsculas y minúsculas alternadas, lo cambia diez veces al día, y usa letras de David Civera. Como para hablarle.

A mí me gustaba internet, y me gusta, porque podía dedicarme a jugar. Porque yo elegía lo que quería enseñar de mí y lo que no, y si me apetecía hoy jugar a indios y vaqueros, pues jugaba. En una sociedad como la actual, donde ponemos el grito en el cielo por el derecho a la privacidad, nos falta tiempo para llegar a casa de fiesta y colgar 40 fotos en el Tuenti y actualizar el estado del Facebook para contarle a un montón de gente a la que no le importa lo contenta que estás y lo bien que lo has pasado. En el mundo ultraindividualista al que nos han arrojado, somos capaces de mirar raro a quien baja con nosotros en el ascensor, y somos capaces de no abrirle la puerta a los vecinos; pero oiga, en internet, tiene usted abiertas las puertas de par en par. Y no se preocupe: si no ha cotilleado usted lo suficiente, ahí tiene una lista de todos mis amigos (ésa es otra) para que rellene usted los huecos con la información que le falte.

Suerte que no uso Tuenti ni Facebook. Y que no soy como mi madre y yo suponíamos que era el carnicero de enfrente en mi barrio antiguo. Si no, la verdad, lo tendría muy fácil. Podría espiar a Minina24 (ay, la pobre e hipotética Ana) a través de sus redes sociales. Gracias a ello seguramente averiguaría con varios días de antelación el club al que le suele gustar ir con los amigos con los que le toca salir esta semana. Podría esperarla a que saliera del sitio, borracha (¡anda que no va puesta ni ná en las fotos!) y luego violarla y matarla, o yo qué sé, ese tipo de creatividades. Todo con una cámara de fotos en la mano, eso sí: es imprescindible, desde que existe el Tuenti, ir con una cámara a todas partes e inmortalizarlo todo.

Suerte que… disculpen que deje el artículo aquí, pero estoy reactivando mi cuenta de Facebook.


Odio los lunes: Based on a true story

Based on a true story, además de la leyenda de aproximadamente el 80% de las películas de sobremesa de Antena 3, es el título del álbum debut de la banda neozelandesa Fat Freedy’s Drop. Tanto el grupo como el disco tienen sus peculiaridades y curiosidades en el proceso de formación. Por ejemplo, Fat Freddy’s Drop se compone de siete miembros estables, todos ellos neozelandeses, que se conocieron hacia finales de los 90 alrededor de las salas de conciertos de Wellington, a las que acudían a participar en las jam sessions de la época. Poco a poco, durante estos años, comenzaron a tocar juntos en diferentes garitos de la zona, pudiendo así tocar y perfeccionar muchas composiciones que luego llegarían a sus grabaciones de estudio.

Después de su establecimiento como grupo en 2001 (el nombre viene de la foto del Fat Freddy’s Cat que incluían algunos tipos de LSD que consumían por allá entonces), después de haber organizado varias jams propias, editaron su primera referencia, un directo que incluía cuatro cortes de dieciocho minutos cada uno. Ahí es nada. Sin embargo, no llegarían a Europa hasta el año 2003, con su single Midnight Marauders. Desde entonces hasta la fecha de lanzamiento de Based on a true story, comenzaron a sonar cada vez con más fuerza los nombres de Mu Faiumu, el improvisado líder de la banda, y Dallas Tamaira, un vocalista que recordaba a algunas de las voces más clásicas y smooth del soul.

El dos de mayo de 2006 aparece en las tiendas neozelandesas este Based on a true story, que para un servidor es una auténtica obra maestra. Un disco sin complejos de una banda sin complejos. Uno de esos casos en los que un grupo, haciendo lo que quiere y como quiere, manteniendo siempre su independencia -nunca han dejado de editar bajo su sello propio, The Drop-, han conseguido hacerse un hueco en el corazón del público y en el mercado. Un curioso dato: consiguieron estar muchas semanas en las listas de lo que más sonaba en la radio con el primer single del álbum, Wandering Eye. Una canción que dura 9:49 minutos. Ya me extrañaría a mí ver algo así hoy en día en España.

En fin, Based on a true story es una delicia para los aficionados a la música funk/dub/reggae/roots, que incluso se atreve con escarceos con el jazz más que satisfactorios. Es un disco para escuchar relajados, para liberar el alma, para acompañar de un gintonic en una tarde medianamente soleada y un buen pitillo de maría. Bueno, esto tal vez no hubiera debido recomendarlo, pero da igual. Algunos de los temás más reseñables, a mi juicio, son el ya citado Wandering Eye, así como el eterno Cay’s Crays o This Room.

Que lo disfruten.

Fat Freddy’s Drop – Based on a true story (Spotify link)


Odio los lunes y el costumbrismo americano

Cómo nos gusta poner titulares engañosos. En este Odio los lunes post-EBE vamos a hablar de pintura y de ilustración. Y de paso vamos a hablar de un tema que en Europa todavía no hemos terminado de entender ni de asumir: la doble personalidad de América. Para ello, vamos a usar a dos pintores/ilustradores que representan a la perfección cada una de esas caras: Edward Hopper y Norman Rockwell.

Edward Hopper quizá sea el gran pintor del costumbrismo americano. A pesar de la lenta evolución dentro del mismo patrón durante toda su carrera, quitando algunos escarceos con el primer impresionismo fruto de sus viajes de formación a Europa y que se ven en cuadros como éste (Soir Bleu, pintado en 1914), y de su negativa a tener nada que ver con las vanguardias pictóricas del siglo XX, Hopper es a día de hoy considerado por muchos el mejor pintor americano del siglo. Un hombre tan capaz de pintar la soledad en una habitación de hotel como en un puente o a campo abierto. Hopper es tal vez el mejor pintor de la Gran Depresión de América. Si hubiera que usar un pintor para explicitar las miserias del capitalismo, del liberalismo y del individualismo atroz, yo sin duda usaría cuadros como Nighthawks (1942). Hopper es el pintor de los viajes sin movimiento, de las miradas fuera de campo, y de una luz extraña que se cuela por las ventanas sin saber cómo ha llegado la mañana a esta casa. Su influencia en el cine también ha sido capital: el manejo de la luz de autores como Víctor Erice es heredero directo de algunos de los cuadros de hoteles del señor Edward -se puede ver claramente en la película El sol del membrillo-. Por cierto, desde que se casó en 1924 hasta que dejó de pintar en 1964, la única modelo femenina que usó para todos sus cuadros fue su mujer. Dejo una pregunta que no tiene nada que ver con este artículo: ¿puede una mujer ser todas las mujeres, si uno la ama lo suficiente?

Por otra parte, Norman Rockwell quizá sea la representación perfecta del buen vivir americano. De buena familia, respetado y apreciado por la sociedad y la crítica de su tiempo, de exitosa carrera, Rockwell es quizá un retratista de cierta vida americana donde Hopper es un analista. Contratado por el Saturday Evening Post cuando sólo tenía 21 años para dibujar sus portadas, muchos de los críticos modernos de arte han tendido a infravalorar a Rockwell acusándole de moralinero y de propagandista; y ciertamente, no se puede negar que lo fuera. Sin embargo, quedarse en esto no sería justo, puesto que durante algunas etapas de su vida el señor Rockwell fue uno de los grandes abanderados de ciertas luchas sociales a través de su posición en el periódico. Y a pesar de ello tuvo tiempo para crear cuadros como éste, que seguro que muchos reconocen.

Dejo aquí un par de comparaciones sobre la marcha de cuadros de Hopper y Rockwell y luego enlaces a galerías. Como todo el buen arte, habla por sí solo sin necesidad de ninguna explicación compleja, enrevesada y pedante. Luego, ustedes decidirán quién les gusta más. A mí, Hopper.

Morning Sun, de Edward Hopper.

Girl at the Mirror, de Norman Rockwell.

 

Freedom from fear, de Norman Rockwell.

Cine de Nueva York, de Edward Hopper.

 

Enlaces:


Odio los lunes y la excepción cultural

Tratar de analizar el comercio internacional de productos audiovisuales en el mercado globalizado actual del Siglo XXI no es tarea sencilla. No podemos hablar de productos culturales como si habláramos de lavadoras o reproductores de mp3, por dos motivos muy sencillos. El primero de ellos es que los productos culturales son la herramienta definitiva de un pueblo para establecer y perpetuar sus patrones culturales y sociales; es decir, son el mayor instrumento de generación y mantenimiento de identidad cultural definida, lo cual en principio podría ser un conflicto con un mercado globalizado donde no existen fronteras; en cierto sentido, la labor de estos productos podría ser la de delimitar fronteras y no la de anularlas. Por otra parte, no podemos olvidar que el consumo de productos culturales viene marcado por el carácter de éstos de bien de experiencia: es imposible saber si nos gusta o no hasta después de haberlo consumido. Esto actúa como barrera de entrada para productos generados por un patrón cultural distinto al nuestro propio: si no entiendo la forma de ver el mundo de un nigeriano, no entenderé la cultura que generen. Al no entenderla no me gusta y no la consumo. Como no se consume, no aumentamos la producción, porque no va a ver películas nigerianas nadie de fuera de Nigeria. Esto es un mal ejemplo porque, para los que no lo sepan, Nigeria es el primer productor mundial de cine en cuanto a volumen. Pero el ejemplo se entiende.

Así pues, en Europa se estableció hace ya tres o cuatro días la aplicación de la excepción cultural, esto es, que las reglas de libre mercado que se aplican en la Unión Europea para el resto de productos no sean aplicables a los productos culturales. La implantación de esta exención trajo cola en su día y aún la sigue trayendo hoy. La razón que se dio inicialmente para la aplicación de la excepción es que era el único modo de preservar las identidades nacionales dentro de la UE, el único modo de defenderse del gigante americano que llena nuestras salas de cine, nuestras televisiones y nuestras librerías. Lo que es cierto, en todo caso, es que en Polonia más del 90% del cine consumido es estadounidense, y no ha sido un país precisamente muy influenciado por EEUU hasta la caída del telón de acero, y que la excepción cultural a efectos prácticos lo que hace es proteger el mercado nacional de producción de cultura a través de ayudas y subvenciones a las empresas. Continuar leyendo


Odio los lunes: las nuevas voces del Soul

Aprovechando que en Sevilla hoy es fiesta y por tanto día de relajación y asueto. Aprovechando la infinita pereza que me da últimamente ponerme a escribir artículos. Y aprovechando mi papel de gurú de la negritud, como Malcolm X, Will Smith en El Príncipe de Bel Air o aquella señora que se negó a levantarse de su asiento del autobús. Hoy, mi intención no es defender nada ni reflexionar en palabra alta ni quejarme de las miles de estupideces de nuestra vida diaria o nuestro país que parece que fuera meciéndose suavemente entre fiera oleada y fiera oleada de estupidez. Nada de eso.

Hoy mi intención es la de que pasemos una agradable y relajada tarde de lunes-domingo con buena música. Y un café y unas pastas o croissants o madalenas de tó la vida, que tampoco están mal a pesar de no ser tan snobs. Para ello, les presento una lista de Spotify que me ha dado por llamar Las nuevas voces del soul, título que define relativamente bien su contenido. He querido ser exquisito en la selección y no hacer una lista demasiado larga; seleccionar unas cuantas joyas para que el que quiera pueda seguir investigando. No me he marcado un rango estricto de edad de los artistas o fechas de publicación de discos, aunque por lo general en ella no encontrarán a gente que llegue o pase de los 35 años. En esta lista hay nombres emblemáticos y de sobra conocidos por todos, como Amy Winehouse, y otros que lamentablemente aún no han cruzado del todo nuestras fronteras, como Dwele. Unos que hacen una música más pegada al soul clásico de Philly, como Jamie Lidell, y otros que entran más en relación con la música funk y con el R&B entrando en el terreno de eso que han venido en llamar Nu Soul, como Erykah Badu o Musiq Soulchild. Y también guardo algunas sorpresas y curiosidades, como alguna canción de la sueca Lisa Nilsson o la estupenda versión soulera del Seven Nation Army de los White Stripes a cargo de Nostalgia 77 y Alice Russell en en el micrófono.

También presento la lista en formato Youtube. No es lo mismo, no suena igual de bien, hay canciones que no están y otras que he tenido que apañar con directos. Pero es una solución para los que no tienen, o no quieren usar Spotify. Les animo a que dejen sus recomendaciones u opiniones en los comentarios, que seguramente no están todos los que son y me habré saltado a gente importante -de algunos soy consciente, como Norah Jones o Diana Krall, y tengo mis motivos, pero de otros no lo seré-. Sin más, que lo disfruten.

Enlace | Las nuevas voces del Soul (Spotify)

Enlace | Las nuevas voces del Soul (Youtube)