“Por lo menos leen”. Columna de opinión


Flickr: Xanetia

“Por lo menos leen”. Suena a suspiro resignado, pero el librero, tras esta sentencia, sonríe: su negocio no se hunde. Aunque quizá lo que zozobre sea la literatura -crear arte con palabras- y no el medio -el libro, digital o físico-. Las editoriales también sufren los vaivenes económicos, pero este primer problema lo han salvado, más o menos, con los éxitos de este año. La trilogía Millenium o los libros de Dan Brown están por todas partes. Cualquier lector despistado, que vuelve al supermercado porque se ha olvidado de comprar champú, puede llevarse a casa quinientas páginas de libro. La portada en Technicolor, apoyada junto a los chicles de la caja, seguro que le incita a leer la historia, igual que a sus vecinos, que también compran en el mismo establecimiento.

El librero mantiene la sonrisa pero sin celebrar ningún trofeo: la lectura se ha “democratizado”, pero la literatura se ha vulgarizado. Es un argumento sencillo de esgrimir si se observa en la cola del supermercado los títulos disponibles. Y, también, si los escritores que se nombran guardianes de la belleza se ponen en este bando apocalíptico. Como ejemplo de pretoriano, cito a Juan Manuel de Prada, quien, en su columna de XL Semanal del 24 de enero, cruza el barranco de la excelencia para atacar al vulgo y a la cultura convertida en democrática; porque él entiende que esta, por definición, es aristocrática. En este segundo punto, aparece un conflicto: el arte puede ser interpretado por todos, por los que leen a Borges, y los que anotan en el calendario la fecha de publicación del próximo Harry Potter. Esta fuente de nuevas opiniones no tiene por qué ser deleznable, puesto que el debate ayudará a que se pongan en evidencia esos títulos que no aportan nada más que entretenimiento, ante los que alimentan el espíritu. Por esta razón, otras expresiones artísticas también se han democratizado y no han perdido estilo, ni se han vuelto más vulgares. Así, yo reconozco que me compré un casete de Bom Bom Chip de niño, pero eso no ha sido un obstáculo para que pueda reconocer el arte en la música de Bob Dylan cuando he crecido. O en los medios de comunicación que han perdido el miedo a la democratización de la información: el periodismo es algo más que mantener un blog, es una entrega profesional a la opinión pública.

Así, las campañas del Plan de Fomento de la Lectura -De Prada las ataca porque están guiadas a la “democratización”-, son una vía necesaria para acercar al gran público a los libros, y , una vez alcanzado ese momento futuro, que se enganchen a la aristocracia de los guardianes pretorianos. Pero que, por el momento, dejen al librero dormir tranquilo, porque los españoles “por lo menos leen”.

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11 responses to ““Por lo menos leen”. Columna de opinión

  • “Por lo menos leen”

    […] “Por lo menos leen” sinfuturoysinunduro.com/2010/02/14/por-lo-menos-leen-columna…  por Naruedyoh hace 2 segundos […]

  • Jesu

    El problema del “por lo menos leen” es que es uno de los grandes mitos de la sociedad actual. Es algo iluso creer que una persona que comience leyendo los libros de Dan Brown vaya a pasar mágicamente a leer a Chesterton o Borges.

    Leer no implica necesariamente algo bueno per se. Como ejemplo no sólo tenemos los libros, sino también la prensa. ¿Quién diría que es lo mismo leer el 20 Minutos que Le Monde Diplomatique? Pues seguro que muchísimos millones de personas que todos los días leen el 20 Minutos creyendo que tienen un periódico en sus manos.

    El problema de todo esto no es que haya literatura buena o mala, prensa buena o mala, música buena o mala, porque eso siempre lo ha habido. El problema lo constituyen esas campañas de fomento de la lectura que hacen creer que hay que leer, sea lo que sea. Ya no digo que sea malo que haya gente que se trague bodrios infumables, que en cierto modo lo es, pero, al fin y al cabo, cada cual es libre de leer lo que le da la gana. El problema es hacer creer, a través de esas campañas, que cualquier cosa que se lea, independientemente de lo que sea, es bueno en sí mismo por el mero hecho de leer. Y no es así.

    A través de la creación de ese gran mito contribuimos a crear la sensación de que leer las obras de Dan Brown o Stieg Larsson nos va a llevar a entender el mundo y sus intrigas, o que leer a Benedetti es el culmen de la poesía en español. Y ni lo uno ni lo otro, pero hay mucha gente que lo tiene por cierto, y te encuentras con gente que no ha leído más que basura en toda su vida sentando cátedra sobre literatura poniendo como ejemplos de obras maestras a autores mediocres (te remito a los comentarios de una entrada panegírica sobre Benedetti que se escribió en este blog).

    A través de esa ilusión llegamos, antes o después, a otro de los grandes mitos de la sociedad actual: todas las opiniones son igual de válidas. No. Falso. Error. Pensar eso es algo incorrecto de entrada, porque se confunde el derecho a opinar, válido para todos, con la validez de las opiniones. Pero es mucho más grave si una opinión mal fundamentada o peregrina se erige sobre un “es que yo lo he leído en un libro/diario/revista/blog/web”. Y ejemplos de eso los tenemos a patadas cada día. Por ejemplo te pongo que una persona se ponga a despotricar de la Iglesia diciendo que “el libro del Codigo Da Vinci dice que…”. Supongo que sabrás de qué te hablo.

    Por otro lado, lo de la democratización de la lectura es algo más antiguo que el comer. No es un fenómeno de ahora, sino que es algo que sucedió con la invención de la imprenta. Los libros pasaron de ser algo reservado a una élite a estar disponibles para todo el mundo, sobre todo con la irrupción del movimiento humanista en el Renacimiento, que trajo consigo la expansión cultural fuera de los monasterios.

    Desde entonces ha existido literatura de grandes clásicos universales y literatura de cordel, prensa de altura y panfletos ideológicos, música de cámara y canciones de fiesta de arrabal. Y así durante los siglos venideros. Lo que no ha habido es ese afán que hoy tenemos de fomentar la lectura presentándola como un bien en sí mismo. El resultado es que las grandes obras maestras de siglos anteriores han perdurado al paso del tiempo y han llegado hasta nosotros como lo que son: grandes clásicos universales. ¿Qué pasará con las obras de nuestro tiempo? Que por culpa de ese mito del “por lo menos leen” la paja sepultará las grandes obras maestras de hoy (cosa que ya ocurre, por desgracia).

    Y ese mito del “por lo menos leen” que lleva a poner al mismo nivel a genios literarios y a los libros de escaparate, también se refleja en esa tendencia a presentar cualquier cosa como arte, como eso que llaman arte contemporáneo, esa excusa barata del arte por el arte, de la ruptura con todo lo anterior y tal y pascual, una tramoya para vender mierda al mejor postor que no se sostiene por ningún lado.

    Estoy seguro de que muchos entrarían al trapo contestando a este comentario diciendo que si el academicismo, de que si “la gente de la poesía / la pintura / la música que se junta y dictan sus propias normas y excluyen lo demás” (sic), y tantas otras pamplinas. Pues bien, en el siglo XIX también había una confrontación entre los artistas academicistas neoclásicos y los románticos, y me parece a mí que nadie duda de la grandeza pictórica de las obras de Turner o Van Gogh, por citar dos ejemplos distantes en el tiempo, además. Quizá sea porque estos artistas no rompían con lo anterior, sino que volvían a las raíces de la tradición y la seguían para renovarla, aportando algo nuevo.

    En fin, que me estoy yendo por los cerros de Valencina, porque se puede decir mucho y aún más sobre este tema, pero concluyo resumiendo lo que digo más arriba: que no, que ese “por lo menos leen” no es más que una excusa para, como dices, mantener un negocio como el de las editoriales y los libreros, y apoyar institucionalmente una lectura irresponsable es un magno error que llevará a la sociedad a ser cada vez más inculta y, paradójicamente, más iletrada.

  • selene_blc

    Creo que aquí se están tratando dos temas bastante diferentes. Por un lado el post nos habla de un “por lo menos leen”, que yo creo entender como una forma de expresar que esta sociedad (inculta e iletrada ya), sigue leyendo, y que a pesar de lo que lea, sigue manteniendo activo el cerebro (aunque sea para leer a Dan Brown). Y por otro lado, en el comentario del post, en el que se juzga si es correcto o no lo que se lee.
    Creo que se puede hablar mucho de los dos temas, y aunque tengan relación me parece que son bastante diferentes. Entrar en el terreno de si se debería o no publicar algo que no sea “bueno” es muy peligroso. Siguiendo con el ejemplo que se ha puesto sobre la pintura, si se hubiera juzgado en el momento a artistas como Van Gogh, nunca habría llegado a nosotros, puesto que su obra comenzó a valorarse realmente una vez fallecido, como ha ocurrido con muchos otros pintores. Si tocamos otros temas como por ejemplo el diseño (que son los que personalmente conozco), ¿se puede decir que comprar en Ikea es lo mismo que comprar en una tienda de diseño? Bueno, es como lo de leer el 20 minutos o Le monde… no es lo mismo. Pero hasta que punto es malo comprar en Ikea o leer el 20 minutos? Se puede romper una lanza en favor de la sociedad diciendo que “por lo menos” leen el periódico o compran algo con gusto… aunque eso signifique que no valoren realmente un “buen” periódico, un “buen” diseño o un “buen” libro.
    Uno se puede consolar pensando que si “por lo menos leen” dejarán de cometer faltas de ortografía/gramaticales como por ejemplo diferenciar entre haber y a ver….

  • danirivas

    Dos ideas quiero transmitir con este texto:
    Primera: “Por lo menos leen”. Es una expresión ingenua, pero demuestra que el interés por leer sigue activo, aunque sea una obra cutre. Y, sobre todo, tiene una mirada optimista, porque significa que el amor por los libros se ha introducido y puede evolucionar a un sentimiento profundo por la belleza. Otra cosa es que ocurra, pero la intención también cuenta.

    Segunda: Además, la proliferación (“democratización”), de obras mediocres -y de lectores mediocres- permite que sea más sencillo separar el trigo de la paja. Dicho de otra manera, entre el montón de mierda destacará la belleza. De igual forma, la producción de información se ha democratizado, pero nunca un blogguer (periodista ciudadano), sin estudios específicos, podrá suplantar al periodista profesional. O, por último, como ocurre en el mercado fotográfico: por la creación de cámaras reflex de gama baja, y el incremento de ventas, no implica que haya más profesionales del sector. Todo lo contrario, el sector deja de ser hermético para que la fotografía sea un arte menos críptico, más compartido.

    Aún así, este debate me encanta y me parece muy necesario. El arte tiene que decidir hacia dónde va: élite o popular, o los dos -o ninguno de los dos-.

    • Milhaud

      Iba a comentar sobre la entrada en sí, pero este comentario me ha llamado más la atención.

      A día de hoy existe un buen puñado de bloggers que bien podrían dedicarse al periodismo escribiendo en periódicos generalistas. De hecho, cada vez es más común encontrar plagios descarados de periódicos generalistas con cierto renombre sin referenciar como fuente original (y fusilada) bloggers aficionados.

      Sobre el tema de la entrada, pues hay que ser francos. La literatura ciudada, bien escrita, cargada de figuras literarias bien utilizadas es algo que no está al alcance de todo el mundo. Leer algo así si no has estado leyendo durante muchos años, es algo totalmente contraproducente, por lo que ha de existir literatura más sencilla y adaptada para todo el mundo.

      ¿Y por lo menos leen? Pues sí, por lo menos leen. Son muchos los que conozco que empezaron leyendo Ken Follet o Dan Brown, y ya se han atrevido con algún libro de Orwell. Lo importante es que la gente lea, y poco a poco se vayan inmiscuyendo en literatura más y más elaborada.

  • Jesús Martínez

    Milhaud estoy totalmente de acuerdo contigo. Creo que debe haber literatura para todos los niveles… Estoy cansado de los elitismos y la ‘aristocratización’ de todo. Está claro que lo ideal sería que toda la población tuviera el nivel cultural necesario para ponerse delante de grandes obras maestras y no perderse, pero la realidad es bien distinta.

    Desde mi punto de vista, leer, aunque sea un bestsellers de aquellos (como dice danirivas) que se encuentran en las cajas de los supermercados, ya es muy positivo.

  • grivaspacheco

    El arte ni tiene que ser popular ni tiene que ser aristocrático. El arte es de los artistas, nosotros sólo somos meros espectadores afortunados.

  • iMeMiNe

    ¡Genial debate! hoy parece que me ha dado por Sinfuturo. A ver, que aquí hay muchas cosas que comentar. Lo primero de todo, a selene, ¡noooo! no es lo mismo comprar en Ikea respecto a las tiendas de diseño que leer el 20 minutos comparado con cualquier periódico tradicional (online o en papel). La diferencia es que, como dices, puedes comprar en ikea y desarrollar un cierto buen gusto pero cuando lees prensa gratuita (te hablo desde mi experiencia) lo único que aprendes son malos hábitos a la hora incluso de escribir. Están mal escritos, eso es una realidad. Pero, además, son el camino más fácil a la alienación. No te ayudan a formar una opinión crítica sino que alimentan el desinterés por todo lo que nos rodea. A mí, la verdad, me parece contraproducente leer algo así.

    Después respecto al “por lo menos leen”. Tampoco estoy de acuerdo. No me conformo con que mi hermana de 15 años lea la saga Crepúsculo, por ejemplo, porque pasa como con el 20 minutos o con los sitios de internet con faltas de ortografía, es el culto del “todo vale”, del mínimo esfuerzo y de que aunque lo que leo no esté ni bien construído sintácticamente como me entretiene, eso basta. ¡Leches! las novelas de Corín Tellado eran novelas, vale, pero estaban escritas magistralmente.

    Lo que está claro, y ahí discrepo con Jesu, es que lo que trascenderá al momento actual es lo que sea realmente bueno, independientemente de si se valora hoy día o no. Recuerda si no a Gaudí en sus últimos días de vida pobre hasta el extremo durmiendo en la Sagrada Familia.

  • Jesu

    A ver, vamos a ver que nos aclaremos.

    @selene_blc: Me sorprende mucho tu comentario. Caes en el mismo error de presuponer que una persona que lee, por el simple hecho de leer (“aunque sea a Dan Brown”), ya ejercita el cerebro, lo cual ya es suponer muchísimo, demasiado. ¿Cómo crees que va a ejercitar el cerebro una persona que sólo lee estupideces sobre conspiranoias maquiavélicas absurdas e increíbles?

    Lo mismo podemos decir con lo del conocimiento del lenguaje y las faltas de ortografía. Presuponer que una persona que lee literatura de cordel o escaparate (al menos, la literatura de cordel o escaparate viene previamente corregida) o, peor aún, cualquier bazofia que rula por internet va a conocer perfectamente, por ello, la ortografía y la gramática del español sigue siendo suponer demasiado.

    Por otro lado, nadie dice que haya que dejar de publicar las cosas malas. Ya digo en mi comentario que en todas las épocas ha habido obras maestras y basura de la peor calaña. El problema es que (y esto mismo ya lo digo en mi primer comentario) antes lo bueno caía por su propio peso y era el tiempo el que perpetuaba una obra buena y enterraba en el olvido otra mala. Ahora, por el contrario, se tiende a poner una bazofia a la misma altura de la mayor obra maestra con la mera excusa de que ambas son literatura y de que leer es bueno per se y tal y cual. Y no, esto es FALSO. Con ello únicamente se consigue perpetuar un mito que hace daño a la literatura, a la sociedad, al pensamiento y que empobrece sobremanera el legado que dejaremos a las generaciones venideras.

    ***

    @danirivas: Me reitero en lo dicho ya dos veces, y añado: si de verdad hay una intención de que la gente llegue a apreciar la verdadera belleza, las verdaderas obras de arte, lo que hay que hacer es promocionar y fomentar el aprecio de esas obras y dejar a un lado toda la paja.

    Incido en que es un error pensar que la proliferación de basura hace que se distinga mejor lo bueno. Al contrario: con ello únicamente se logra que lo bueno quede sepultado bajo la inmundicia. ¿Cuánta gente, de entre el grueso de la población, conoce a Cabanillas, o a Mesanza, o a Carver, o incluso a clásicos como Baroja, Borges o Chesterton? ¿Y cuántos conocen a Dan Brown, o a Matilde Asensi, o a Javier Cercas o a Federico Moccia?

    Por otro lado, es un gran error presuponer que alguien que escribe con una montblanc lo hace mejor que alguien que usa un lápiz, o que alguien que tiene una Canon 5D Mark-II hace mejores fotos que alguien que usa una compacta. Igual pasa con los blogueros y los periodistas, como dice alguien más arriba. Hay blogueros que revuelcan a muchos periodistas de título que hay en las redacciones, tanto por la información que dan como por la forma de darla.

    ***

    Luego, hablando ya a todos los contertulios. ¿Qué es esta estupidez generalizada de la literatura o el arte “aristocráticos” o “democráticos”? Denominar como “elitista” toda literatura que tiene un mínimo de calidad es una cosa carente de sentido. Es, como dice Imemine, la ley del mínimo esfuerzo, la tendencia hacia lo mediocre que constata que comenzar leyendo literatura de cordel en absoluto implica evolucionar hacia la calidad, sino más bien al contrario.

    Aquí hay una confusión generalizada entre dos cosas que poco tienen que ver. Se dice mucho que hay que adaptar la literatura a distintos niveles. Vale, totalmente de acuerdo. Pero ¡OJO! Eso no quiere decir que haya que empezar leyendo basura de tipo Dan Brown o Ken Follet para dar el salto luego a Tolkien o Chesterton. No. Falso. Erróneo.

    Lo que hay que hacer es educar a las personas en la lectura desde pequeños, con lecturas acomodadas a su edad: lectura iniciática, infantil, juvenil… Así hasta que el lector se desenvuelva perfectamente y vaya avanzando por los autores de menor a mayor calidad y dificultad. Pero eso no implica, como digo, que haya que leer basura. Evidentemente, todos leemos truños alguna vez. Pero, como sucede en el símil gastronómico que tan apropiadamente usaba Bukowski, no hace falta comer mierda para saber que el jamón de Jabugo está mejor. En todo caso, habrá que empezar por las papillas, los potitos, las verduras, el pollo… hasta llegar a los manjares más exquisitos.

    Pues con la literatura igual: no hace falta leer a Dan Brown para iniciarse a la lectura. Una persona que, con 15 años, no tenga adquirido un buen hábito de lectura, no lo va a adquirir leyendo libros mediocres. Y, si lo adquiere, será para continuar con ese nivel de exigencia -bajo, mediocre-. No pretendamos que por leer un libro de Ken Follet, por muchas 500 páginas que tenga, esa persona va a saltar, ni tarde ni temprano, a La Divina Comedia.

    Todo lo demás, como ya digo, es mucho imaginar, mucho suponer y muy buena intención tener. Pero lamento deciros (y lo lamento de verdad), amigos míos, que en este caso, como en otros muchos, la intención parece no contar.

    Salutaciones.

    PS. ¡Otro taco, toma toma!

  • Rbk Saez

    Hola a todos!! pedazo debate, me encanta!! permitirme opinar:

    Creo que el “por lo menos leen” es muy positivo, por dos razones. La primera es que la gente sigue teniendo esa curiosidad que te hace abrir un libro, algo bastante complicado con la cantidad de opciones de ocio (tele, internet, etc) con las que convivimos.

    La segunda es que la vida hoy por hoy es mil veces mas complicada que cuando se escribió La Divina Comedia (Dante tenia el suficiente tiempo para plasmar su amor platónico por Beatriz, a la que vio 2 veces, en esta gran obra). Antes la gente tenia tiempo para leer con calma y reflexionar sobre lo leído, ahora es complicado sacar un poco de tiempo para cualquier cosa.

    Siguiendo en la vertiente social, cuando se escribió El príncipe de Maquiavelo o El Anticristo de Nietzche (por no nombrar muchas otras) la realidad era distinta, las personas querían filosofar, reflexionar, conectar con ideales, etc.

    Ahora mismo la gente quiere desconectar, quiere perderse en una historia ajena y entretenida que les ayude a olvidar sus problemas, para distraerse y eliminar lo mas posible el estrés del mundo actual.

    Sobra decir que se lee por moda e integración social, que al final es lo que el ser humano (sobre todo en el periodo adolescente) busca; la integración. El día que El laberinto de la soledad sea el tema de moda entre los grupos sociales de los jóvenes de hoy, ese día se venderán miles de ejemplares de este gran libro de Octavio Paz.

    Aun así, no me parece correcto ni justo juzgar negativamente a la gente por leer “literatura basura”. Ya que la literatura hoy por hoy (en mi humilde opinión) es mas una forma de Ocio que una adquisición de conocimientos. Lo cual es muy triste, pero no por ello condenable.

    Si queremos que se lean grandes autores y suba el nivel cultural de cualquier sociedad. Lo que se debería hacer es crear una moda, no olvidemos que la sociedad se mueve por jerarquías de opinión y que yo sepa los lideres de opinión no citan ni hablan de Borges, Castells, Dostoievski, Hemingway, Garcia Lorca, Montaigne, Platon, Lucrecio y miles de genios que nos han brindado grandiosos contenidos.

    Al final todo es control y movilización de la opinión publica, que muy a mi pesar leen el Marca y aman a CR9.

    Aun así es muy positivo: ¡Por lo menos leen!

    Saludos

  • eclectico

    Yo, la verdad, soy más bien pesimista, porque el librero es el eslabón más débil de la cadena editorial. Y el más débil frente a los supermercados de libros, donde casi se venden a paso (y, a veces, sin casi).

    Por mi parte, intento huir de las grandes cadenas y busco librerías donde el librero ejerce con dedicación y cariño su funciòn divulgadora y consejera.

    Y hablando del Sr. de Prada y su artículo, también yo reflexioné un poco en

    http://desequilibros.blogspot.com/2010/01/juan-manuel-de-prada-las-campanas-de.html

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