The Journey: Un recorrido de 10 minutos en el Infierno


Durante el pasado mes de diciembre he ido a la exposición “The Journey” , realizada por la Fundación Helen Bamber en el Paseo de Coches del Retiro y patrocinada por la actriz británica Emma Thompson.  Está formada por siete contenedores en los que trataba sobre la vida de una mujer víctima de trata de blancas.  Lo que voy a hacer a continuación, es describir todo lo que sucedía en la mencionada exposición  y mis impresiones sobre ella, todo esto acompañado de algunas fotografías propias.

  • 1. Esperanza

Trata sobre la niñez y adolescencia de una joven moldava con el nombre ficticio de Elena, (aunque el folleto que me dieron trataba sobre la vida de una chica que vivía en la República Checa ¿se habrían equivocado al hacerlo?). Cuando cumplió los 19 años, y tras la muerte de su padre, es convencida por una mujer para que fuese a trabajar en Reino Unido.  Este contenedor tenía una estética infantil, muy acorde con la etapa que relataba. Consistía en unas cuatro pizarras escritas, habiendo debajo de ellas un agujero donde mirabas  la representación de lo escrito mediante títeres.

  • 2. Viaje

"Cierra tus ojos, tómate tu tiempo y escucha..."

En este contenedor se sentían  las experiencias que tuvo Elena al trasladarse de su país a Londres. Dentro de allí te dabas cuenta que la joven viajaba con incertidumbre ante su futuro, llorando por irse a un a un país que no conoce y estar lejos de su familia. El sitio estaba a oscuras, menos en algún momento en el que se iluminaban algunos faros naranjas, simulando un recorrido en tren. La sensación que experimentabas era muy parecida a este video de Amnistía Internacional.

  • 3. El uniforme

Su objetivo es ponernos en la piel de una víctima de la trata. Consiste en un largo pasillo en el que hay, a sus dos lados, paredes con huecos. Al asomarte en uno ellos te veías reflejado en el cuerpo de una prostituta.

  • 4. Dormitorio

"La habitación. El lugar de trabajo"

Este contenedor era el centro de toda exposición. Recreaba el cuarto donde las prostitutas trabajaban y después dormían. Al estar allí, tengo que afirmar que alguna vez me temblaban las piernas. No era para menos, todo estaba hecho de una forma muy realista: la cama se movía, con sus sábanas manchadas de sudor; el lavabo (solo con un pequeño jabón y un pintalabios) estaba  lleno de mugre; encima de él, el espejo lleno de vaho con un escrito pidiendo ayuda. Además, en la pared se reflejaba una muestra de los gestos de los clientes: dominación, engaño, egoísmo…

Esta crudeza no era solo visual: la habitación estaba llena de una mezcla de olor a perfume y sudor, que transmitía perfectamente las actividades que se realizaban en el cuarto; aparte del olor, la habitación se inundaba de gemidos, voces, golpes y sollozos.

Me llenaba la sensación de asco: asco de tocar, asco de ver, asco de oír, asco de oler. Al sentir todo esto, no me extrañaban unas declaraciones que leí de Elena: “…lo peor de todo era ese olor nauseabundo que yo nunca lograba quitarme de encima por mucho que me lavara. Siempre lo llevaba encima, me sentía siempre sucia.”

La mesilla, llena de papeles y envoltorios de condones

Detalle de la pared

El espejo del lavabo

El lavabo

La papelera

El suelo, lleno de manchas

"Hombres por día"

La lista de precios

  • 5. Cliente

El cartel del acceso a este contenedor

En este espacio se exponía la obra del fotógrafo inglés James Ostrer: “The Journey” . ¿La peculiaridad? Que las fotografías no las tomaba él, en cambio era el modelo de estas. ¿Quién las hacía entonces? Seis prostitutas que James las eligió porque trabajaban en burdeles de las ciudades en las que alguna vez él había vivido. El fotógrafo mantuvo una sesión de media hora con cada una de ellas, pagando el precio por adelantado, durante la cual posaba como le iban indicando las mujeres.

  • 6. Estigma

El letrero de esta entrada

Una persona desde que es forzada por primera vez, ya no es la misma. Los clientes la ven como un objeto sexual; los proxenetas como fuente de ingresos y las personas con la que se relacionaba en la infancia, si descubren que se prostituye, como una pervertida.  Este contenedor representaba el sentimiento  que se queda dentro de una víctima de la trata de blancas frente a la actitud de estos individuos: una escultura hueca negra simulando un agujero negro que cada vez se iba haciendo más grande cuanto más avanzabas. Así progresivamente hasta llegar a la oscuridad absoluta: la soledad total, sentir que nadie te puede comprender y ayudar.

  • 7. Resurreción

En algunos casos, cuando una mujer logra salir de esta situación de esclavitud, suele denunciarlo. Pero este paso no es sencillo, debido al fuerte daño que le han hecho, muchas veces acompañado de autoculpabilidad. Todo esto con el añadido de que mostrar las pruebas es muy difícil.

En este espacio se escuchaban distintos veredictos en inglés y después traducidos al español, con comentarios de la propia Helena.

Ahí va un ejemplo de como suelen ser estos veredictos,  tras haber hecho unas preguntas a las mujeres sobre su anterior situación:

“Se constata que su entrevista vista para solicitud de asilo no estaba usted muy segura sobre las fechas, las cuales, si su demanda fuera cierta, hubieran quedado claramente fijadas en su memoria. Su incapacidad para recordar fechas imprescindibles para la solicitud de asilo socava seriamente la credibilidad y la veracidad de su retrato.

La incapacidad que muestra usted para aportar detalles coherentes arroja serias dudas sobre su credibilidad y, por tanto, va en detrimento de su solicitud.

Sostiene usted que su proxeneta y las personas que traficaron con usted la trataron malamente. Para que pudiera usted acogerse al ámbito de la convención de las Naciones Unidas tendría usted que demostrar que estos incidentes fueron algo más que acciones inconexas por parte de estas personas y que dichas acciones tuvieron más bien un patrón claramente establecido o que fueron parte de una campaña dirigida a usted y que fue tolerada por las autoridades con pleno conocimiento de ello. Esto no ha quedado demostrado en su caso.

Es usted incapaz de recordar la fecha exacta de su ataque.

RESUMEN DE LOS VEREDICTOS:

Se rechaza la solicitud de asilo

Se rechaza la solicitud por derechos humanos

Frente a lo intimidatorio que suelen ser las preguntas verbales, Helen Bamber pefiere que la victima escriba, tal y como dice en estas declaraciones:

“La mujer sigue sufriendo un trauma grave y durante su tratamiento terapéutico resultó obvio que en muchas ocasiones lo pasaba tremendamente mal y tan pronto como afrontó sus recuerdos e imágenes del pasado se descompuso y derrumbó por completo. Por este motivo iniciamos un proceso terapéutico denominado “terapia narrativa” en la que un psicoterapeuta especializado trabaja con la palabra escrita y no con la palabra verbalizada. Es un método que sirve para contener y controlar el flujo de imágenes y recuerdos de eventos catastróficos. Es un proceso con el que se consigue controlar las experiencias vividas que no se pueden rememorar sin que la persona se vea desbordada por los recuerdos.

A la mujer le resultó de gran ayuda y en este momento es la herramienta terapéutica más importante que empleamos, aunque todavía me reúno con ella de vez en cuando. Se trata de una terapia utilizada para casos de trauma extremo.

En su caso ha sido de gran ayuda y sigue siéndolo, aunque también debo decir que se trata de un proceso inevitablemente lento.”

Para ver más:

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3 responses to “The Journey: Un recorrido de 10 minutos en el Infierno

  • Hada

    Muy buen artículo. Desgraciadamente me perdí la exposición y creo que es muy importante que la gente se conciencie de que estas cosas PASAN.
    Lo que más me impacta es lo del olor en la habitación, algo que lógicamente no se puede sentir en una película o un documental.

    Un saludo.

    • cassandra262

      Hola! Muchas gracias por tu comentario Hada. Siento mucho contestarte ahora, pero hace poco me dí cuenta de que habías comentado aquí. Espero, como bien has dicho, que todas las personas que hayan visto esta exposición se conciencien, porque la vida de todas estas mujeres no es nada agradable. A mi esta exposición me llegó bastante (ya habrás leído lo que sentí la habitación) porque estaba muy bien hecha y además, la chica cuando empezó a prostituirse tenía unos 19 años, los mismos que tengo yo ahora. Todo ello me hizo pensar que tengo una suerte tremenda, ya no solo por estar en la universidad y vivir en un país desarrollado, Tengo suerte, porque conservo un derecho fundamental que ha de tener todo el mundo: el de vivir su propia sexualidad, pero también dicho sea de paso, esto tiene que ir unido también al respeto de la de las otras personas. Las víctimas de la trata de blancas no lo tienen.
      Un saludo también para tí.

  • Vídeo-denuncia de trata de blancas: The Journey « Sin Futuro y Sin Un Duro

    […] relación con la entrada que publiqué hace un año, he descubierto, publicado en la web del diario británico The Guardian, conocido en estos últimos […]

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