La función docente del político


Colaboración de: Luis Racero

Es curioso, muy curioso, ver la actuación del político. El político está llamado a hacer política, valga la redundancia, pero no cualquier política, sino una política de calidad.

Fijándonos en el caso español, vemos qué ocurre continuamente en el Congreso de los Diputados: los políticos se insultan, a veces no acuden a sus respectivos escaños, se descalifican entre sí, se reprochan temas privados y personales, y hacen otras cosas similares. Quizá hasta aquí muchos estarán de acuerdo con las presentes líneas; el caso es ver qué no hacen los políticos españoles: política. En efecto, muchas veces se olvidan de hacer política.

Cuando hablo del término grecorromano “política” quiero aludir al debate sano, al debate político constructivo, al debate que aporta nuevas ideas a la sociedad, a aquel debate que no consistirá en destruir y en crear una polémica insana. Por lo tanto, ¿tiene España unos políticos que hacen política?

Es nuevamente curioso comprobar que quien ejerce y practica la política no sabe enseñar dicha ocupación. Os voy a ejemplificar, contando una anécdota real, qué estoy diciendo: hace más de dos años, estaba reunido con los compañeros de la facultad en una cafetería. Pensando casualmente, le pregunté a dos compañeros por separado, uno simpatizante del PSOE y otro del PP, lo siguiente: “¿Qué expone vuestro partido? ¿Cuáles son sus ideas y pilares básicos?”. Sorprendentemente para mí en aquel tiempo, los dos empezaron, directamente, a criticar al partido contrario, sin entrar, en ningún momento, a mostrarme cuáles eran los fundamentos de su partido.

Como hemos comprobado, podemos extraer dos conclusiones: primero, las conversaciones sobre política entre los ciudadanos no son constructivas porque ven lo que hacen los políticos; por otra parte, si dos compañeros de carrera no pueden discutir tranquilamente sobre política, ¿lo podrán hacer trescientos cincuenta diputados?

Si me lo permiten, sacaremos una tercera conclusión: los políticos no cumplen bien con su función docente. La cuestión es sencilla: como ya he dicho, si los políticos, que se ocupan de hacer política, no saben dialogar pacíficamente y constructivamente, ¿cómo vamos a creer en sus promesas electorales? ¿Cómo vamos a interesarnos por esta política sofista? Las consecuencias en la sociedad civil son nefastas: gran desinterés por el mundo de la política en general, una abstención política que preocupa (en las Elecciones Generales pasadas fue de un 24,68 %) y desconfianza en los políticos, entre otras.

Una reflexión me veo obligado a hacer: si los ciudadanos no se preocupan de algo tan importante en sus vidas como es la política, ¿tienen el derecho a quejarse? Por supuesto que sí, y que nadie ponga en duda dicha afirmación; el único “pero” y punto a favor de los políticos es algo derivado del conjunto del texto: los ciudadanos se quejan del mundo de la política, pero luego no van a votar, no constituyen o se unen a asociaciones para defender sus intereses, no denuncian situaciones ilegales o, simplemente, incumplen las leyes. Aunque todo esto último es otro tema. Vamos a recalcar que quizá los ciudadanos no se preocupan de la política, como deberían, porque los políticos no fomentan esa preocupación entre los ciudadanos. Tal vez no les interesa a los políticos dicha cuestión y función docente que les corresponde. O quizá no sepan cómo hacerlo o si deberían hacerlo. Otro tema es, por supuesto, la influencia política en los medios de comunicación: ¿éstos nos hacen ver la realidad política tal como es? Pues sí, el control de la información en los medios de comunicación es otro tema.

La política en nuestra democracia debería ser un juego de dos partes, en la que el político crea buenos, eficaces, útiles, legales y correctos proyectos, poniéndolos al servicio del ciudadano, y debatiendo con templanza con los demás políticos para seguir ayudando al citado ciudadano; por su parte, éste se dirige periódicamente a las urnas para votar, discute tranquilamente y razonadamente con sus conciudadanos y denuncia hechos que no sean conformes al orden constitucional, democrático y jurídico.

En fin, ¿a quién le interesa la política? ¿Al político, por ejemplo, le interesa la (justa, bella, adecuada, necesaria y bien hecha) política?

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2 responses to “La función docente del político

  • cerote

    Bienvenido Luis.

    La clave para mí ha estado cuando has dicho “sorprendentemente para mí en aquel tiempo, los dos empezaron, directamente, a criticar al partido contrario, sin entrar, en ningún momento, a mostrarme cuáles eran los fundamentos de su partido”.

    Hoy día los dos partidos no quieren diferenciarse por lo que pretenden construir, sino por sus ideologías. Las únicas difenrecias están en las etiquetas, porque el fondo está vacío. ho día no se hace política para los ciudadanos, sino para los intereses de determinados particulares, y esto va a ser así esté un partido u otro.

    En cuanto al servilismo del publo, yo lo veo cada vez más claro. A la élite no le interesa que el pueblo conozca demasiado. Si en la ESO nos enseñasen cómo se hace el dinero -¿alguien lo sabe?, qué es la inflación y la deflación, a qué se dedican los especuladores de la bolsa, o cuáles son los intereses que tiene cada medio de comunicación, que son los temas que realmente interesan -y no la religión o la educación para la ciudadanía-, al menos formaríamos una opinión pública más libre y formada. Pero dudo que eso interese.

    Enhorabuena por tu entrada, un saludo compañero.

    • Luis Racero Osuna

      ¡Gracias por la bienvenida y por tu comentario, Cerote! La verdad es que destaco tu comentario entero, siendo tu frase “al menos formaríamos una opinión pública más libre y formada” una gran verdad.

      Públicamente, te doy las gracias por ser mi “padrino” en este blog. Estoy muy contento, la verdad. Y perdón por no haber escrito la semana pasada, que estuve algo ocupado; hoy o mañana tendré lista mi segunda entrada.

      Un saludo, gran escritor.

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