¡¡Una de asesinos!!: Mr. Brooks y el tarado de Nebraska (y II).


Asesinos en serie podemos encontrarlos en cualquier país del mundo, pero es en EE.UU. donde el fenómeno cobra especial relevancia hasta llegar a ser un componente más de su cultura y, por extensión, de la cultura de masas globalizada.

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La popularización y proyección de la figura del asesino en serie han podido ser posibles gracias a títulos como Viernes 13, La matanza de Texas, El silencio de los corderos, Se7en, American Psycho, la saga de Saw o Mr. Brooks. En todas ellas, el psicópata y el asesino despiadado han traspasado la barrera del celuloide para convertirse en iconos, mitos admirados por amplios grupos de población. Una admiración que, en el caso de los serial killers sofisticados, yo calificaría de romántica: el individuo que rompe la más alta ley, el sagrado “no matarás”; una mente enferma de ego desbordado que quebranta esa barrera únicamente permitida a Dios, y que lo hace con unas elegancia e inteligencia tales que ponen en jaque a toda la sociedad, obligando a la policía a participar en su particular ajedrez.

Es una admiración comprensiblemente natural, humana, aunque moralmente pueda calificarse de perversa. Es el desbordamiento, la materialización, el reflejo del lado oscuro de toda psique, el componente negativo del deseo; y es por eso, como deseo, por lo que se admira a los asesinos en serie, su inteligencia y audacia a la hora de cometer sus crímenes.

En EE.UU. la industria del entretenimiento (cine y televisión) ha hecho de la violencia y la muerte todo un espectáculo hasta crear una nueva cultura de la muerte por la cual el asesinato es una vía más para acceder a la gloria inmortal y perdurar así sobre la masa de vida anodinas. Gracias al cine, personajes como Hannibal Lecter o John Doe sobreviven como mitos en la sociedad globalizada.

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Preguntaba pablolopez por qué hay tanta violencia en la sociedad estadounidense. Yo intentaré aportar algo para encontrar esa respuesta. Un componente es el acceso a las armas de fuego, otro la repercusión que hechos como las matanzas de los últimos días tienen en los medios de comunicación estadounidense. A lo largo de la historia, todas las sociedades han glorificado al guerrero y han hecho de la muerte heroica en el campo de batalla algo admirable e, incluso, deseable. Pero en EE.UU. el alzamiento cinematográfico hasta la categoría de mito del asesino en serie ha subvertido este esquema: nadie iría a Irak en busca de gloria y honor, pero serían legión los que convertirían en campo de batalla cualquier colegio, instituto o centro comercial. La inmortalidad a través de la masacre de inocentes.

¿Cómo se ha llegado a eso? La extensión mundial de los medios de comunicación hace que cualquier noticia llegue a todos los rincones del mundo y se aloje en el interior de cada uno, tan solo la oleada de información hace que unos hechos sustituyan a otros. Cuando ocurre un suceso brutal como el de la pasada semana en Nebraska, el impacto en las personas es mayor, su recuerdo será difícil de borrar, la inmortalidad está asegurada. “Soy un pedazo de mierda, pero con esto me haré famoso”, dejó escrito el tarado de Nebraska a su madre de acogida. Él sabía muy bien que su matanza tendría gran impacto y que los medios de comunicación se encargarían de transmitir al mundo, como burdos bardos que son, su heroica gesta.

bundy_ted.jpgDesde que el periodismo es tal, gente ajena ha criticado el tratamiento dado a las muertes violentas con el argumento de que generan o pueden generar un efecto réplica en algunas personas de sus audiencias. No quiero entrar en ese tema, pero el tarado de Nebraska conocía la matanza de Columbine y la fama alcanzada por sus ejecutores. Simplemente siguió ese ejemplo, los medios hicieron el resto, su trabajo, lo expandieron.

Los medios alojan en nuestras cabezas las carnicerías cometidas por tarados e inadaptados sociales como el de Nebraska o el de la universidad de Virginia, pero es el cine el que, finalmente, sella sus actos y los inmortaliza en la eternidad. Ejemplo de ello es el reciente estreno de una película sobre el asesino de John Lennon o el abortado plan para llevar al celuloide al caníbal de Rotenburgo.

Fotografías: Kevin Spacey como John Doe en Se7en, Tobin Bell como Jigsaw en Saw y Ted Bundy, asesino en serie real.

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