Quizás Fernan tenía razón


Quizás Fernan tenía razón y a realmente me suceden cosas muy curiosas, tengo lágrimas en los ojos, me causa verdadera emoción el que me suceda algo lejos de lo normal.

Hoy ha ocurrido algo que se ha salido de lo normal.

Sucedió hace menos de una hora, había ido a Herrera Oria donde tenía mi cursillo de formación de ventas de el Corte Inglés y a la vuelta (terminó a las 19:00) caminando por la Vaguada, al terminar de cruzar el paso de peatones, un tipo me dice señalando el cartel de un banco- oye ¿tú sabes lo que quiere decir el TAE?

– No- contesto.
-Supongo que serán las siglas de algo, un acrónimo.
– Sí, pero la verdad es que no sé que quiere decir, no estoy metido en el mundo de los bancos.
– No si yo tampoco, yo soy más bien de letras.
– Yo estudio periodismo.
– ¿periodismo? Pues no trabajes en la COPE, últimamente está muy mal, pero ¿quierés que te dé un consejo? Déjalo.
– Lo siento, pero lo mío es vocacional.
– No, no, si no te digo que no, pero si vas a ser periodista deberías aprender a comportarte como tal, no como esos que llegan a la redacción escriben lo que les dicen y les da igual lo que hacen, porque los periodistas tienen un poder, pero ¿quién tiene poder sobre ellos? Hoy día hay que recuperar la excelencia , los periodistas deben saber comportarse, saber hablar y escribir bien, porque luego hay algunos que meintras los lees se ven las faltas y no es que las busque es que me las encuentro. La verdad es que no sé porque te estoy contando esto, no sé te debo de haber visto cara de majo y de todas formas también hay que hacer algo bueno en esta vida.

Toda esta conversación es aproximada, no la recuerdo muy bien, pero no acabó ahí, no sé como acabamos hablando del uso responsable de la libertad, de la literatura como primera forma de arte y me recomendó leer a María Zambrano y a Pessoa y otros más que no recuerdo y yo le recomendé a Viktor Frankl. La cosa se iba alargando, estaría casi media hora hablando con aquel tipo.

– En la vida lo que cuesta es lo que vale, yo soy yo y eso me hace responsable y libre. No como los jóvenes de ahora que andan de botellón, que cada cosa tiene su momento y excesos los cometemos todos, pero… bueno, que rollo te estoy contando ¿cómo te llamas?

-Pablo

-Yo soy Jorge, bueno, si me necesitas acuérdate de mí.

– Un momento, antes has dicho que escribías, es que yo estoy tratando de montar un circulo de intercambio literario y…

– Mira, a mí me parece muy buena tu idea ¿cuántos años tienes?

-19

– Mira todos los que leen tienen tentación de escribir, pero yo no puedo darte lo que escribo, yo se los paso a una amiga y me dice que mi forma de escribir es un poco radical, porque yo escribo como hablo, lo mejor es que compartas lo que escribes con personas de tu edad… un poco mayores mejor. Además con 19 años lo bueno es que aun eres puro, quiero decir, libre de que te hayan metido ideas en la cabeza y te digan que esta bien y que esta mal, porque esa es la verdadera pureza, ahora es cuando comienzas a ser tú mismo.

Hablamos de más cosas, de los artistas que Jorge calificó como gente insatisfecha y que buscaba algo más, por eso muchos tenían problemas, con la bebida por ejemplo, finalmente hablamos de la timidez. Ambos reconocimos nuestra timidez y él me dijo que los tímidos suelen ser personas con un mundo interior más profundo, que piensan más las cosas. Yo le dije que a pesar de tímido y que sigamos siendo tímidos podemos superar nuestra timidez (probablemente el la supero cuando empezó a hablarme) dimos finalizada la conversación.

-No lo dejes, no dejes nunca la literatura.

Puede ayudarte a ser mejor persona, me dijo también. Hoy sé que ha ocurrido algo fuera de lo normal. Jorge tiene 61 años y sé que pasea por el Barrio del Pilar de vez en cuando, quizás viva allí, no lo sé, de todas formas no le gusta la popularidad, la mejor vida es la privada, dijo. No recuerdo como vestía, su cara se ajustaba a su edad y su pelo había encanecido, pero lo que de verdad me maravillaron fueron sus ojos azules que mostraban una vida desconocida para mí, pero que ha chocado hace menos de una hora conmigo. Adiós Jorge, ojalá volvamos a encontrarnos.

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Acerca de pablolopez

Soy periodista, estudiante de periodismo, nací el 5 de Octubre de 1987 en Madrid, aunque estoy muy vinculado a la ciudad de Sevilla en la que viví un año. Además del periodismo me atraen otras muchas cosas como la poesía, la literatura, el arte, la filosofía, la psicología, en el fondo el pensamiento en general y todo aquello que exalta al ser humano. Soy un ser exaltado, entusiasta, aunque vergonzoso y tímido. Mi forma de pensar camina entre el idealismo y la realidad pasando de un lado a otro, pero prefiero luchar por el idealismo porque es la única forma de cambiar, aunque sólo sea un poco, el mundo. Creo que los cambios deben empezar por uno mismo y que no hay mejor forma de predicar que con el ejemplo. Soy un escéptico pues, como Arcesilao, pienso que "no existe representación que, aún pareciendo verdadera no pueda ser falsa" y que ni siquiera sabemos si no sabemos nada. A pesar de todo, nuestras limitaciones nos permiten conocer el mundo lo suficiente como para vivir en él y ser felices que, al final, es lo importante. Puedes visitar mi blog personal en http://pablolopez.org Ver todas las entradas de pablolopez

2 responses to “Quizás Fernan tenía razón

  • FeRnAn

    Pablo, lo que te ha pasado es asombroso, no retiro eso de que te pasan unas cosas muy curiosas, esto se lleva la palma.
    Realmente, todo esto que me cuentas es muy bonito.

  • Jesu

    Es increíble encontrarse con una persona así por la calle, donde parece que no conoces a nadie ni nadie te conoce a ti. Es algo maravilloso. Es como encontrar un ángel. Es como Dios mismo hablando por boca de otra persona.

    La historia que cuentas es muy bonita. Y además esconde una serie de verdades muy grandes, de las cuales la mayor es: “No dejes jamás la literatura”. No la dejes, como tampoco dejes el Periodismo, y muchísimo menos, nunca dejes de ser tú mismo. Y lo mismo hemos de aplicarnos todos.

    Donde quiera que nos lleve la vida, guardemos en nuestra coraza raída por la tempestad del tiempo y las embestidas de la vida nuestro tesoro más preciado: esa risa inocente de niño correteando por un campo lejano, un campo al que quizá ya no vaya nadie, pero cuya existencia siempre restará en nuestra memoria 🙂

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